"¿Qué has puesto para comer?
- ¡Oh! No te apures... El cocidito de siempre."


Tormento. Benito Pérez Galdós
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lunes, 18 de diciembre de 2023

Notas celtas en Badajoz, para escuchar y saborear.


La luz es tenue, suena el ritmo de un bodhram, la melodía de un tin whistle, los acordes de un arpa celta, un lamento de gaita. Podrían las notas saltar entre pintas de cerveza negra hasta quedarse suspendidas en un humo tan denso como la niebla del exterior, pero no: hay pintas, aunque ninguna es negra, la atmósfera es limpia, no hay niebla en la calle y el nombre del local no empieza por The, sino que tiene nombre de torre, de torre árabe: Espantaperros. No es Dublín ni Edimburgo, ni siquiera Ortigueira o Compostela, es Badajoz, pero la música sí tiene raíces gaélicas.

Un encuentro casual tuvo la culpa de que estuviésemos allí: un encuentro con Gonzalo Bordes, el mismo que con riguroso atuendo, solemne y grave con su contrabajo da el soporte armónico en las noches de concierto de la OEX y que sube unas cuantas octavas y, ataviado con kilt y sporran, entona melodías célticas sea con gaita o con tin whistle en las Celtic Sesion de Espantaperros.

En una noche de atmósfera íntima, la música llenó el espacio de Espantaperros transportándonos a lugares lejanos. Una mezcla de melancolía y energía nos invita a sumergirnos en la magia de la tradición celta, nosotros ya habíamos comenzado al mediodía. Desde que decidimos asistir a la Celtic Sesion, planeamos ir entrando en ambiente con una comida inspirada en la tradición irlandesa.

Atemperamos los estómagos con un chowder seafood y rematamos con un cottage pie. No fuimos tan ortodoxos en materia de riego: prescindimos de la pinta de cerveza en favor de un Lar de Paula 2014 (DOC Rioja) que acompañó con solvencia la potencia del estofado del pastel.

Chowder sea food

Este plato, que ni es sopa ni crema ni guiso sino de todo un poco, se aleja de los sabores tradicionales de las sopas y calderos de pescado mediterráneos y, desde la primera cucharada, nos transporta a otras latitudes más septentrionales.

No hay una fórmula fija, sobre todo en lo que se refiere a los pescados y mariscos que intervienen. Nosotros hemos elegido bacalao, gambones y almejas.

Partimos de un buen fumet de pescado que habremos elaborado con cabezas y espinas de pescado o con morralla y algunas verduras (puerro, zanahoria y un poco de apio). Si además lo enriquecemos con las cabezas tostadas de los gambones, añadiremos un plus de sabor.

Cortamos patatas en trozos irregulares, algo más gruesos que el corte que solemos usar para tortilla y las cocemos unos diez minutos en agua con sal. Escurrimos y reservamos.

Comenzamos derritiendo un poco de mantequilla (podemos usar mitad mantequilla y mitad aceite de oliva, si queremos atenuar el sabor lácteo) y sofriendo en ella bacon muy picado.

Añadimos puerro y apio, también muy picados, y seguimos sofriendo sin que lleguen a dorarse las verduras. En ese sofrito abrimos las almejas y las apartamos. Sofreímos ligeramente el bacalao cortado en tacos con cuidado de que no se rompa y reservamos. Lo mismo hacemos con los gambones (no más de un minuto).

Añadimos las patatas, el caldo de pescado, unas ramas de tomillo y nata líquida hasta conseguir el cuerpo deseado. Dejamos cocer hasta que las patatas estén blandas, reincorporamos las almejas, el bacalao y los gambones y damos un último hervor.

Servimos con perejil fresco picado.

Cottage pie

Estamos ante un plato de profundas raíces campesinas, un plato calórico, con olor a tradición, a hogar. Está presente tanto en la cocina irlandesa como en la británica.

Puede elaborarse con carne de vacuno o de cordero (Shepherd’s pie). La mayoría de las recetas que hemos leído utilizan carne picada, sin embargo, hemos optado por cortarla a cuchillo en trocitos pequeños para aportar textura. Hemos utilizado carne de vaca retinta. Cualquier pieza de las que solemos utilizar para estofados hará un buen papel.

Primero doramos un poco la carne con una grasa: mantequilla, manteca de cerdo o aceite de oliva, las dos primeras opciones se acercan más las recetas originales de Irlanda. En esa misma grasa sofreímos un diente de ajo picado y antes de que empiece a dorar, añadimos cebolla, zanahoria y apio picados. Dejamos que se sofría lentamente y, cuando esté convenientemente rendido, añadimos una o dos cucharadas de tomate concentrado e incorporamos una cucharada de harina, mezclamos bien cuidando de que no se formen grumos y añadimos la carne. Cubrimos con caldo de carne y un poco de vino tinto (opcional). Sazonamos y aderezamos con tomillo y salsa Worcestershire (Perrins). Dejamos cocer a fuego muy lento hasta que la carne esté tierna.

Haremos un puré de patata al que añadiremos un poco de mantequilla y nata líquida hasta conseguir una textura que nos permita extenderlo con facilidad. Salpimentamos. Se puede añadir queso cheddar rallado, tanto mezclado con el puré como en la cobertura.

En una fuente de horno dispondremos una capa generosa de estofado y la cubriremos con puré de patata. Podemos pintar con yema de huevo para facilitar el dorado. Horneamos con grill hasta que adquiera un bonito color dorado.

Ponemos un disco de Gwendal y nos dejamos llevar. Y, una vez hecha la digestión, nos vamos al Espantaperros.


domingo, 10 de septiembre de 2023

EXTREMADURA QUESO A QUESO Y LA VERSIÓN EXTREMEÑA DEL ALIGOT


Algunos libros son probados, otros devorados, poquísimos masticados y digeridos.” La cita se atribuye a Francis Bacon y aplicada al libro que nos ocupa cobra todo su sentido, incluso doble sentido diría yo: este libro no es de los que se prueba y no solo se devora, sino que se mastica, se digiere e incita a seguir devorando y masticando… queso, claro.

Contaba en el artículo anterior que viajé en agosto a Valencia del Ventoso con la siempre grata compañía de Juan Pedro Plaza. Conversador inagotable y versado si, además, trae bajo el brazo un ejemplar dedicado de su última publicación y ésta trata de quesos, se me quedan cortos los adjetivos para calificar el viaje.

Reincidente es un adjetivo con cierta carga peyorativa, pero a veces las reincidencias son bienvenidas. Juan Pedro es reincidente: allá por el año 1986 publicó Extremadura queso a queso, en edición de la Biblioteca Popular Extremeña de la añorada Universitas Editorial. Una obra necesaria en aquella Extremadura que despertaba y se daba a conocer. Una obra que finalizaba así: “Con la mirada puesta en la batalla por la calidad (estamos a la máxima altura europea y mundial) y no en la cantidad (en la que nos ganan otros países) el queso artesano extremeño será buscado codiciado y respetado. De lo contrario, el caos. Pero estoy seguro que actuaremos en consecuencia y, con un esfuerzo común, colocaremos a nuestros artesanos en el lugar que tienen reservado y que es el que les corresponde: en la cima.

Reincidente y profeta: sabía de lo que hablaba, sabe de lo que habla. Treinta y siete años y muchos quesos después de aquel primer Extremadura queso a queso, la nueva edición habla de cuatro denominaciones de origen, habla de premios internacionales.

El nuevo Extremadura queso a queso está editado por la Consejería de Agricultura, Desarrollo Rural y Territorio de la Junta de Extremadura. Si bien hay que reconocer que la edición no hace justicia al contenido, salvado ese aspecto formal, estamos ante una obra imprescindible para todos los aficionados al queso y para todos los interesados en temas extremeños. Una obra que, además, cobra un sentido histórico muy especial al hacer una lectura comparada con la primera edición.

En A modo de justificación de la primera edición, Juan Pedro expresa su amor por los quesos de la Serena, pasión que comparto y que me trae un grato recuerdo: con diecinueve años recién cumplidos nos vinimos a vivir a Extremadura. Los primeros años fueron tiempos de descubrimientos. Como aquel día que visitamos la Feria del Queso de Trujillo (alguna de sus primeras ediciones): recuerdo que comimos en el restaurante Pizarro, contemplando la plaza desde sus ventanas. Quizá influenciado por las críticas de restaurantes de Xavier Domingo, muy aficionado a pedir queso en el postre; quizá por la influencia de mi abuela, francesa y, sobre todo, impelido por una turofilia rayana en “turomanía” cultivada desde la más tierna infancia, pedí queso de oveja. Esperando el consabido queso de pasta prensada, firme y compacta quedé perplejo ante aquello que me recordaba a la textura de un camembert maduro, por aquel entonces no sabía explicarlo de otro modo. Más perplejo quedé cuando lo probé. Lo probaron también mis padres y preguntamos qué era: torta de La Serena. No hubo mucho que pensar: al salir del restaurante, sabíamos bien qué queso íbamos a buscar en la Feria.

Recuerdo a la señora que nos lo vendió cuando, orgullosa de su producto, nos decía señalando una rajita de la corteza por la que hacía guiños prometedores un atisbo de crema: “miren como quiere dar todo lo que lleva dentro”.

Pese a mi "turomanía" confesa en impenitente, no soy muy dado a la cocina con queso con la salvedad de algunos platos italianos y la sopa de cebolla francesa. Sin embargo, en un artículo de hace unos años ya amenacé con perpetrar una “extremeñización” del aligot, receta de la región de Aubrac en el sureste francés. Y no me parece mejor ocasión que esta para cumplir la amenaza y además dedicársela a mi buen amigo Juan Pedro.

Sobre el origen y la receta original del aligot ya escribí en aquel artículo. Vamos pues sin más dilación a la propuesta:

Cocemos patatas de buena calidad sin pelar. Las aplastamos procurando que el puré resultante sea homogéneo y poco o nada granuloso. Estando aún bien caliente añadimos una generosa o muy generosa cantidad de torta de La Serena y queso crema (tipo Philadelphia) en una proporción aproximada de tres partes de La Serena y una de queso crema. No obstante, las cantidades mejor dejarlas al gusto de quien se halle a los mandos de los fogones, aunque recomiendo ser pródigos en los quesos. Finalizamos la mezcla, que debe quedar muy untuosa y homogénea con un chorrito de aceite de oliva y probamos el punto de sal. Finalizamos decorando con unas escamas de pimentón de La Vera. El aligot suele llevar algo de ajo, pero por preservar los sabores del que debe ser protagonista, en esta ocasión lo hemos omitido.

Es habitual que el aligot en Francia sea acompañamiento de alguna carne, por ejemplo, salchichas de Toulouse. En nuestro caso acompañará a una excelente pluma de cerdo ibérico de la que, como siempre, nos proveyó Carnicerías Donoso. No nos hemos querido complicar ni hemos querido restar personalidad a la noble pieza: la carne a temperatura ambiente, una plancha muy caliente y finalizamos con sal gruesa y un ligero pincelado con aceite con ajo y perejil triturados.

Acompañamos con un Coloma Finca el Colmenar que acaba convirtiendo esta mesa en una sinfonía extremeña.

Y una nota final: he escrito torta de La Serena y lo he escrito conscientemente: disculpen mi rebeldía ante la sentencia de 2011 del Tribunal General de la Unión Europea que otorga la exclusividad del uso del nombre torta a los quesos de El Casar.



domingo, 23 de julio de 2023

La Feria Gastronómica de Segura de León (Y un tartar dedicado)



En la retina perdura el esplendor de campos de cultivo, olivares y viñedos. El vasto y sereno paisaje del Valle de Matamoros. El perfil de Jerez de los Caballeros y sus torres, soberbios encinares y alcornocales se entrelazan en una danza natural que deleita los sentidos, el formidable castillo de Fregenal y tras una curva, Segura de León desliza sus blancas calles desde su castillo que se yergue altivo, como un guardián de la memoria que nos transporta a tiempos lejanos. Tiempos de órdenes de caballería y escaramuzas moriscas.


Los paisajes del suroeste extremeño de belleza, ora serena y queda, ora imponente y abrumadora, justifican con creces el viaje, pero la experiencia de aquella tarde hizo que el 23 de junio sea una fecha para el recuerdo; Segura, un destino al que volver y los segureños, gente para no olvidar.


Me habían invitado a impartir una pequeña ponencia sobre la cocina del retinto. Me precedió en la palabra D. Ángel Rodríguez Armijo, presidente de la S.A.T. Carne de Retinto con una exhaustiva y documentada ponencia sobre esta fantástica raza de vacuno. Ángel no solo demostró un profundo conocimiento sobre todos los aspectos del retinto, sino también pasión. Y cuando se unen sabiduría y entusiasmo surge la excelencia.

Las ponencias se enmarcaban en la Feria Gastronómica Segura para Comérsela: un ejemplo de buen hacer. Discreta en su dimensión, esta feria irradia una grandeza innegable, que se refleja en la autenticidad y calidad de cada expositor y en el espíritu que infunde en cada visitante.  [Enlace al video de las potencias.]

Dos mil quinientos visitantes, seis casetas de bares o restaurantes, tres de ellos de la localidad y tres de lugares cercanos y diez casetas de productores, de los que cuatro eran segureños: Miel y Meloja de Segura de León, Quesos El Majadal, Hacienda El Vedado y Embutidos Romero. Mención especial requiere por su labor social la caseta de la Asociación de Discapacitados Cristo de la Reja.


En este espacio único y acogedor de la plaza de Segura, los sabores se funden con las sonrisas, y la camaradería fluye en cada encuentro. Es una celebración de lo auténtico, donde la calidad y el buen gusto son los protagonistas indiscutibles.

La feria Segura para Comérsela, en su modesta grandeza, nos invita a saborear no solo la exquisitez de sus productos, sino también la esencia misma de la pasión que ha dado vida a este maravilloso encuentro gastronómico. Pasión y orgullo que muestran Isabel, su alcaldesa, Lorenzo, Estrella, María del Vall y otros miembros de la corporación municipal cuyos nombres esta pésima cabeza ha sido incapaz de retener: mil gracias por vuestras explicaciones y vuestra hospitalidad.


Segura y su feria crean un escenario que cautiva los sentidos, cada paso por sus calles y callejuelas trae consigo la esencia de un legado cultural que perdura en la arquitectura, las tradiciones y el palpitar de su gente. Es un viaje hacia lo auténtico, donde la historia se entreteje con la modernidad, y donde el presente se nutre de las raíces que se aferran con fuerza al suelo. En las casetas de sus productores y sus bares paladeamos su arte que trasciende la mera producción de alimentos, pues su labor trae consigo un canto a la sostenibilidad, la comunidad y la identidad cultural. Son la conexión viva entre la tradición y el futuro, entre el saber ancestral y la innovación sostenible. Cuando saboreamos los frutos de su arduo trabajo, no solo saciamos el hambre, sino que también nutrimos nuestra alma con la historia de una tierra que ha sido cuidada con esmero durante generaciones.

Y uno que en esto de la cocina a veces cabalga por los terrenos de la osadía y lo pretencioso se he empeñado en unir en un plato a los productores segureños presentes en la Feria y, cómo no, al retinto. Un plato que me recuerde aquellos sabores y aquella tarde del 23 de julio.

En la breve ponencia sobre la cocina del retinto propuse un pequeño viaje por las cocinas de Europa. Viaje que inicié con el steak tartar, plato de origen incierto, pero que se recoge por primera vez en los recetarios franceses de las primeras décadas del siglo XX. De forma muy resumida podemos decir que consiste en carne de vacuno cruda, finamente picada y sazonada con diversos condimentos como mostaza, cebolla, encurtidos y yema de huevo. Es un plato muy apreciado por su sabor audaz y textura única. Hoy el tartar está de moda (para bien y para mal) y hay infinidad de fórmulas, no solo de carne de vacuno sino de otras carnes: presa o lomo de cerdo ibérico o venado por citar algunos ejemplos. Este tipo de preparaciones se ha extendido también a los pescados, sobre todo atún y salmón y en general ha dado nombre a infinidad de preparaciones de alimentos crudos, picados y aderezados, sean carne, pescado o vegetales. En un antiguo artículo de este blog nos ocupamos en profundidad de su origen y damos algunas versiones.

Y he aquí la osadía ¿Seremos capaces de ofrecer una fórmula de steak tartar que podamos dedicar a la feria Segura para Comérsela? ¿Podemos elaborar un tartar con “acento” extremeño?

Vayamos con la profanación de steak tartar.

El ingrediente principal no nos ofrece dudas: mitad solomillo de retinto y mitad lomo de retinto. Nos gusta mezclar las dos carnes para obtener un mayor juego de texturas y sabores.

Se nos ocurre que podríamos cambiar un encurtido por algo más extremeño ¿quizá unas aceitunas “machás”? También podríamos dar un toque saladito, sabrosón y travieso con un picadillo de jamón ibérico. Y ¿porqué no? coronar con una grasita golosona: un velo de papada ibérica. Ya tenemos parte de nuestros productores, embutidos Romero y Hacienda el Vedado. Y, claro, el retinto.

El queso resulta más complicado de integrar en el tartar, pero no vamos a renunciar a él y acompañaremos nuestro plato con unas barquillas de apio rellenas de crema de queso de cabra El Majadal: un toque crujiente, fresco y sabroso para degustar después del steak. Y abrazaremos las dos preparaciones con miel de Segura, que nos aportará un aromático y dulce contraste.


Ingredientes:

  • Solomillo y lomo bajo de retinto perfectamente descargados de grasas y pieles y finamente picados a cuchillo. (Siempre de un proveedor de confianza, en nuestro caso, Carnicerías Donoso).
  • Jamón ibérico (o paleta) picado en dados muy pequeños.
  • Papada ibérica cortada en lonchas lo más finas posible (casi transparentes)
  • Alcaparras
  • Aceitunas machadas picadas en diminutos dados
  • Cebolla morada fresca (se puede sustituir por otras cebollas)
  • Mostaza antigua (se puede sustituir por otras mostazas. Si se usa mostaza de Dijon hay que tener cuidado con la cantidad porque resulta más invasiva)
  • Yema de huevo
  • Salsa de soja
  • Salsa chipotle (un guiño a Hispanoamérica)
  • Sal, pimienta molida y aceite de oliva virgen extra.
  • Tallos de apio
  • Crema de queso de cabra El Majadal
  • Manzana (preferentemente Granny Smith)
  • Miel de Segura de León

Yema curada en soja:

Utilizando huevos muy frescos, separamos las yemas de la clara y cubrimos con salsa de soja. Dejamos reposar en el frigorífico durante dos o tres horas. A más tiempo, más espesa estará la yema.

Tartar:

Aderezamos la carne una vez limpia y picada con un picadillo de aceitunas machadas, alcaparras y cebolla. Mezclamos con aceite de oliva virgen extra, un poco de mostaza, sal y pimienta. Las cantidades dependerán del gusto de cada uno. Nuestra recomendación es empezar por pequeñas cantidades de aderezo e ir aumentando hasta lograr que esté a nuestro gusto. Nosotros preferimos quedarnos cortos para respetar el sabor de la carne.


Barquillas de apio con queso de cabra:


Cortamos tallos de apio en trocitos de unos tres centímetros.

Batimos crema de queso de cabra El Majadal con un poco de pimienta negra molida. Si se desea, se puede rebajar la intensidad con algún queso crema o nata, pero no lo recomendamos.

Cortamos unos daditos de manzana de menos de medio centímetro y mezclamos con el queso.

Rellenamos los tallos de apio con la mezcla.


Montaje del plato:


Sacamos las yemas de la salsa de soja y con mucho cuidado las ponemos sobre un papel absorbente.

Disponemos una primera capa generosa de carne aderezada (si se quiere se puede utilizar molde), encima de esa capa añadimos una capa muy fina del jamón ibérico picado. Cubrimos con una segunda y también generosa capa de carne. En la zona central haremos una pequeña depresión donde alojaremos la yema curada. Cubriremos con papada ibérica la zona del tartar donde no haya yema. Si queremos podemos dar un ligero golpe de soplete para que funda un poco la grasa de la papada. Decoramos con unos puntos de salsa chipotle.

En otro punto del plato disponemos algunas barquillas de queso.

Regamos (con moderación) con unos hilos de miel.

Muchas gracias a Lorenzo Molina y a Isabel Garduño por la invitación a participar en esta Feria y a Juan Pedro Plaza por actuar de “inductor” de esta invitación. A toda la corporación municipal y a todos los segureños por vuestra hospitalidad y a Ángel Rodríguez Armijo por enseñarnos tanto sobre la raza retinta
.







domingo, 21 de mayo de 2023

El duodécimo concierto: vientos del norte.



Desde el más recóndito norte, donde la vitalidad de sus bosques y tundras se entrelaza con la fuerza indomable de la tierra. Desde allí, donde la aurora boreal pinta el firmamento en una danza celestial que parece susurrar misteriosos cuentos ancestrales. Desde donde se alterna la serenidad de infinitas extensiones de bosques que presumen en el espejo de mil lagos con la sobrecogedora belleza de fiordos, angostos valles y montañas cincelados por los dioses del Asgard.

Desde Finlandia y Noruega nos llega el programa que la Orquesta de Extremadura ofreció en Badajoz el trece de abril. La Rapsodia noruega nº 3 de Johan Svendsen, el Concierto para trombón de Launy Grøndahl y la Sinfonía nº 2 en re mayor de Jean Sibelius con Toni Lloret, trombón solista, y la dirección de Miguel Romea llenaron el Palacio de Congresos de notas y armonías que se entrelazan con la belleza indomable de la tierra y las antiguas tradiciones del norte. Como un puente sonoro entre el pasado y el presente, la música nos transportó a un reino donde los ritmos ancestrales y los paisajes imponentes convergen en un abrazo eterno.
Invierno en Sognefjord. Johan Christian Dahl

Músicas que bien podrían ser la banda sonora de un paisaje de Eero Jarnelfelt o de Johan Chirsitian Dahl. Pongamos ahora la “banda culinaria”. Al igual que algunos conciertos pasados nos invitaron a viajar a Turquía, Brasil, Italia o Escocia, este concierto nos lleva a curiosear en los fogones de Noruega y Finlandia.
Metsalampi - Eero Jarnelfelt

Tienen merecida fama algunas preparaciones de pescado de la gastronomía noruega, pero hemos viajado al interior y elegido unas Kjøttkaker (albóndigas) porque así nos permitimos un gesto hacia la tierra sustituyendo el reno o la Norsk Rødt Fe (vaca roja) por nuestro retinto. Estas albóndigas son un plato muy popular en Noruega y con algunas variaciones lo encontramos en más países nórdicos, como bien nos han hecho saber en el paraiso de los muebles deconstruidos.

Kjøttkaker

Para las albóndigas:

500 gramos de carne picada (nosotros hemos utilizado retinto)
1 cucharadita de sal
Pimienta negra molida, nuez moscada rallada y jengibre en polvo
2 cucharadas de fécula de patata (el espesante de la marca de Maizena es fécula de patata) En su defecto podemos utilizar pan rallado.
100 cc de leche.

Para la salsa de carne:

4 cucharadas de mantequilla
4 cucharadas de harina
Caldo de carne (Nuestro caldo fue una cocción durante doce horas de cuatro huesos tostados de rodilla de vacuno, 250 gr de jarrete de retinto, zanahorias, puerro y apio).
Sal y pimienta.

Puré de guisantes:

Guisantes congelados
Caldo de ternera
Mantequilla, sal y pimienta.

Elaboración:

Primero, mezclaremos la carne, que habremos pedido que nos piquen muy finamente, con las especias, la sal, la fécula de patata y la leche. La moldearemos en forma de croquetas grandes y ovaladas.

Freiremos las albóndigas en mantequilla hasta que estén doradas.

Para la salsa, derretiremos mantequilla, añadiremos harina y cocinaremos a fuego lento hasta obtener un color nuez. Añadiremos caldo caliente gradualmente, dejaremos hervir y sazonaremos al gusto.

Incorporaremos las albóndigas a la salsa y cocinaremos a fuego lento hasta que estén listas.

Para la guarnición prepararemos un puré de guisantes con caldo de ternera, mantequilla, sal y pimienta. Y añadiremos a la guarnición unas patatas cocidas.

Remataremos el acompañamiento con una mermelada de arándanos.

Hemos acompañado el plato con un Famille Perrin Collection de Côtes du Rhòne de 2020 que entona bellas armonías con la mermelada de arándanos.

Y de arándano en arándano, tiro porque me toca y aterrizamos en Finlandia.

Los fineses son muy aficionados a la recolección de frutos silvestres. En verano es costumbre recorrer los extensos y bellos bosques recolectando frutos, entre ellos, arándanos. Tanto frutito ha dado lugar a un extenso recetario de mermeladas y tartas. Y para poner un dulce final ponemos en práctica una de las muchas fórmulas tradicionales. Hay que decir que poco tienen que ver el aroma de los arándanos cultivados a los que hemos tenido acceso con los que solemos recolectar en los bosques de Pirineos, pero nos han permitido elaborar una Mustikkapiirakka bastante resultona, al menos, una de las muchas versiones que hemos encontrado.

Mustikkapiirakka

Para la base:

115 gr. de mantequilla sin sal.
115 gr. de azúcar,
Un huevo
120 gr. de harina de respostería.
5 gr. de levadura química.
Extracto de vainilla

Para la cobertura:
180 gr. de nata ácida (Creime freiche)
50 gr. de azúcar.
Un huevo.
Arándanos en cantidad suficiente para cubrir la tarta.

Precalentaremos el horno a 180 grados y untaremos de mantequilla un molde de tarta poco profundo.

Mezclaremos la mantequilla con el azúcar, el extracto de vainilla y el huevo. Una vez que tengamos una mezcla homogénea, añadiremos la harina con la levadura tamizadas.

Distribuiremos la mezcla en el molde de tarta y lo cubriremos de arándanos, dejando un centímetro sin arándanos en los bordes.

Batiremos la nata ácida con el huevo y el azúcar y regaremos con esta mezcla los arándanos intentando dejar los bordes libres de mezcla.

Hornearemos unos 40 minutos o hasta que veamos que los bordes adquieren las tonalidades de los bosques en otoño y la cobertura está sólida.

Dejaremos volar la imaginación por los bosques finlandeses.



Conciertos de la temporada 2022-23 "Degusta"


Primer concierto Apología de la forma

Segundo concierto Belleza a contracorriente

Tercer concierto Aderezos intertextuales

Cuarto concierto: El cuarto concierto: saborear la admiración

Quinto concierto: Danzad, danzad malditos

Sexto concierto: Genealogías entrecruzadas

Séptimo concierto: Un brindis sagrado

Octavo concierto: El elogio de lo popular

Noveno concierto: Generación talento

Décimo concierto: Mirar atrás, caminar hacia delante

domingo, 12 de abril de 2020

Astérix y la salchicha de Toulouse. (In memoriam Uderzo).


Crepita una enorme hoguera y entre volutas de humo ascienden chispas hacia la negrura de la noche. Chanzas y aromas de jabalí asado rompen la quietud de la noche gala mientras, como siempre, Asuranceturix el bardo contempla la escena en silencio prudentemente amordazado para no dar la murga ni restar protagonismo a los homenajeados, como siempre, Astérix y Obélix. Es el final de cualquiera de sus aventuras. El 24 de marzo Uderzo terminó su aventura y entre el humo de la hoguera y el crepitar de las chispas le imagino camino de la noche infinita al encuentro de Goscinny allá donde quiera que moren eternamente los grandes creadores. Mientras, Asuranceturix el bardo, como siempre, amordazado entona un réquiem en silencio.

Albert Uderzo (FismesMarneFrancia; 25 de abril de 1927-Neuilly-sur-SeineAltos del Sena, Francia; 24 de marzo de 2020) y René Goscinny (París, 14 de agosto de 1926-ibídem, 5 de noviembre de 1977) fueron los creadores de los cómics de Astérix el Galo.

Leí mis primeros Astérix cuando aún no sabía leer y algunos irán por la veintena de lecturas. Historietas que me acompañaron en la infancia, ironías que comencé a intuir en la adolescencia y que no he parado de descubrir y aún sigo: juegos de palabras, anacronismos (Kirck Douglas como Espartaco en El mal trago de Obélix o el Manneken pis en Astérix en Bélgica), guiños a obras maestras de la pintura (Una lección de anatomía de Rembrandt en El adivino, La balsa de la medusa de Géricault en Astérix legionario o La boda campesina de Pieter Brueghel el Viejo en Astérix en Bélgica), exaltación de la amistad y ansia de justicia, ayuda altruista a los pueblos oprimidos por el poder (de Roma en este caso), representaciones de los estereotipos sociales (el papel de la mujer), guiños constantes a la cultura popular y a los tópicos de los países recorridos (toros y atascos en España en Astérix en Hispania, bromas sobre la cocina inglesa en Astérix en Bretaña o el carácter hosco y noble de los corsos en Astérix en Córcega).


Se intuye, también, la influencia de las dos guerras mundiales: Astérix y los Godos retrata al pueblo alemán como belicoso y pendenciero y es la única aventura en la que los héroes galos, lejos de ayudar a los godos contra los romanos, deben defenderse de la incursión goda en la Galia secuestrando a su druida Panorámix. En todas las aventuras con otros pueblos como protagonistas, corsos, íberos, bretones, belgas, pictos, egipcios… hay un gesto amable hacia su cultura y una causa que invita a la ayuda generosa de Astérix y Obélix, en todas las aventuras menos en Astérix y los godos. La Guerra terminó en 1945 y Astérix vio la luz en 1959.

“Están locos estos romanos” es el leit motiv que nos acompaña a lo largo de todas las aventuras y así aprendimos que SPQR no solo son las siglas en latín de Senatus Populusque Romanus, en referencia al origen republicano de Roma, y se traduce como “Senado y pueblo Romano”, sino que también significa en italiano Sono Pazzi Questi Romani, es decir… “Están locos estos romanos”.

Entre las muchas referencias costumbristas presentes en los comic de Astérix el galo, la gastronomía tiene un protagonismo indiscutible: jabalí hervido y cerveza tibia en Astérix en Bretaña, unas anacrónicas patatas fritas y “brassica (coles) de aquí” en Astérix en Bélgica, quesos de olores imposibles en Astérix en Córcega, pavos en Astérix en América, el nombre del caudillo íbero “Soupalognon y crouton” traducido (muy libremente: la traducción más exacta sería sopa de cebolla con picatostes) en la versión española como Sopalajo de Arrierez y Torrezno, una inenarrable orgía-fondue en Astérix en Helvecia… y entre todas las aventuras, una road-movie gastronómica: La vuelta a la Galia de Astérix. Así es que este Cocidito quiere rendir su modesto homenaje a los creadores del comic de la irreductible aldea gala.

En La vuelta a la Galia de Astérix, ante el intento de asedio de la aldea gala por las legiones romanas, nuestro pequeño héroe apuesta con el prefecto Lucilius Flordelotus, enviado especial del César, que será capaz de dar la vuelta a la Galia sin que los romanos puedan impedírselo y en prueba de ello, traerá una especialidad de cada región. Astérix y Obélix sufren unas cuantas escaramuzas, reciben ayudas en las que intuyo alguna referencia a la Résistance de la reciente Guerra Mundial, así como alguna traición que recuerda a los colaboracionistas. La aventura es todo un canto de exaltación patriótica con algún guiño al futuro Tour de Francia. De regreso a la aldea muestran al prefecto: jamón de Lutecia (París), tonterías (caramelos) de Camaracum (Cambrai), Vino espumoso de Durocortorum (Reims), salchichón de Lugdunum (Lyon), ostras y vinos de Burdigala (Burdeos), bouillabaisse de Massalia (Marsella), ensalada de Nicae (Niza) y salchichas de Tolosa (Toulouse). Salvando algunos anacronismos y suponiendo que el saco de las viandas estuviese refrigerado, resulta un simpático catálogo de especialidades locales en el que no deja de sorprenderme que no haya ninguna referencia a alguno de los notables quesos de Francia.

De la ensalada de Niza ya nos hemos ocupado en este blog y teniendo en cuenta que este artículo se escribe durante el periodo de confinamiento provocado por la pandemia del COVID-19, trataremos de cumplir con los ingredientes que más a mano tenemos: nos ocuparemos de la salchicha de Toulouse.

La muy merecida fama del cassoulet, contundente y exquisito guiso de alubias con pato, salchicha de Toulouse y otras carnes, que pueden variar según sean recetas de Toulouse, Carcasonne o Castelnaudary, ha restado cierta notoriedad a este embutido como ingrediente principal de algunos platos. Sin embargo, la saucisse de Toulouse es un excelente embutido fresco de carne de cerdo que bien merece el papel protagonista.

La salchicha de Toulouse se incluye dentro de la marca de calidad Spécialité du Sud-Ouest y se elabora con carne de cerdo fresca, sal y pimienta, aunque algunos carniceros aportan algún matiz personal en el adobo. Es muy similar a la butifarra fresca catalana, algo que no nos sorprende por la cercanía geográfica.

Además del mencionado cassoulet, suele cocinarse a la parrilla, a la brasa o confitada en grasa de pato. Es frecuente encontrarla acompañando un guiso de lentejas o con una guarnición de tomate aliñado con una vinagreta de cebolleta y mostaza. Pero quizá el acompañamiento más sabroso y original es el aligot, un interesante puré de patatas con queso.

El término aligot parece provenir de épocas de peregrinos mendicantes que pedían aliquid, "algo", en los monasterios. Y en éstos les daban tomme freîche, “toma fresco” [queso]. Y tomme freîche y aligot, indistintamente, resultan ser los nombres por los que se conoce un queso fresco y fundente de la zona de Occitania y Auvernia-Ródano-Alpes.

Con esta misma voz aligot se conoce también una preparación de puré de patatas mezclado con queso tomme fraîche, mantequilla, sal y pimienta que resulta una deliciosa guarnición para nuestra salchicha de Toulusse.

No resulta nada fácil encontrar en España, y menos en Badajoz, ninguno de los dos ingredientes protagonistas de este artículo. Y en tiempos confinados menos aún. Así que siendo un poco transgresores hemos elaborado el plato con una butifarras que esperaban en el congelador acabar sus días acompañadas de unas mongetes (judías, mongetes amb botifarra, Cataluña) pero que han cruzado los Pirineos para acabar acompañando un aligot que a falta de tomme fraîche hemos preparado con queso raclette (200 gr), una cucharada de cremme fraîche y una cucharada de mantequilla, sal y pimienta y unos 350 gramos de patata gallega cocida.

Regamos los platos con un Rasteau Les Hautes Vignes 2015 por aquello de respetar el goût du pays.

Quién sabe si algún día nos da la ventolera y mezclamos torta de la Serena con puré de patatas y lo servimos con unas salchichas frescas de cerdo ibérico…

domingo, 7 de abril de 2019

Cosas que pasan en PanContigo


I Una visita a la Escuela de Cocina

Unos entran otros van saliendo
Y entre el barullo, yo me cuelo dentro.
Ahí me colé y en tu cocina me planté
cacerolas para todos y algo de comer
mucha vianda mona pero ninguna sosa
escabeches de colores, lo pasaré bien.
(Con permiso de Mecano)

Son cosas de la edad, irremediables: los buenos momentos suelen evocarme tarareos ochenteros.

Aunque en honor a la verdad de allí no salía nadie y tampoco me colé, sino que fui amablemente invitado por Jorge. Fue un mensaje inesperado. La humildad de los que saben: me pedía consejo sobre escabeches. Y tras un breve intercambio de ideas me invitó a compartir una sesión de la Escuela de Cocina de PanContigo.

Y pasada la media tarde del viernes en aquella fiesta me planté: fiesta de aromas y sabores; fiesta también por el buen humor que se respiraba entre los vapores de un escabeche de atún con verduras, otro de mejillones, una olla que será un marmitako de calamares…

Almudena, Antonio, Gloria, Alberto, Marguerite y Paco se afanan ora colocando pétalos de unas flores de patata, ora cortando, removiendo, probando… Bullen las ollas y bulle la actividad de la cocina de PanContigo mientras Jorge de Arcos instruye, aconseja, corrige con modestia. Ya lo dijo Tolstoy: “No hay grandeza donde no haya sencillez, bondad y verdad.” Y su verbo y sus ademanes emanan sencillez y bondad; su cocina, verdad.

Poco a poco fueron tomando forma unos bocadillos de escabeche de atún con su salsa texturizada en pan brioche de remolacha, flores de patata con escabeche de mejillones, cazón en adobo y un marmitako de calamares con su tinta. Platos con algunos destellos de innovación y aromas de cocina de raíces muy profundas.




II Una receta nueva en el taller de tartares.

Esperando que caiga la noche.
Hace falta cortar, hace falta cortar,
Ven a la escuela de tartar.
No des un mal corte, no des un mal corte,
Esto es una escuela de tartar.
(Con permiso de Radio Futura)

El 26 de abril de 2016 compartimos en PanContigo nuestro primer “Crudo antojo”, esa cena-taller en la que quien quiere picar, pica; quien quiere mezclar, mezcla y quien quiere comer, come… (en esto último suele haber más consenso). Un menú de fantasía con todo crudo y picadito del que ya hemos dado cuenta en otros artículos de este blog.

 

En esta ocasión, tercer aniversario celebrado con algunos días de antelación, quisimos incluir una receta que pocos días antes habíamos leído en el blog de Clara P. Villalón. Clara, economista y sobre todo enamorada de la cocina, cuya actividad seguimos desde que participó en la primera edición de Master Chef, entre otras actividades gastronómicas, escribe un blog más que recomendable (https://cocinayrecetas.hola.com/blogclaramasterchef/author/missmigas/), del que hemos puesto en práctica algunas recetas. Inolvidable la receta de albóndigas, que nos provoca lagrimones casi tan grandes como las susodichas.

Hay platos que hay que probar; otros, basta con leer su descripción para imaginar el resultado y empezar a babear. Así sucedió con la lectura del “tartar de presa ibérica”: una “maravilla gorrina” en palabras de la propia autora. Así que le sugerimos incluirla en nuestro taller y no tardó en responder afable y generosa:

¡Hola! Por supuesto que sí, ¡Te cedo la receta 100%!

Y agradecidos, nos dispusimos a buscar materia prima, sin dudarlo, como siempre en Donoso Carnicerías que nos sirvió una excelente presa ibérica de Maldonado y una papada ibérica curada aromática y fundente.

En el taller seguimos la receta de Clara, aunque en honor a la verdad, en lo referente a cantidades nos dejamos llevar más por la experiencia y el “ojímetro” que por la báscula y el emplatado nos permitimos modificarlo ligeramente envolviendo el tartar en el velo de papada y dándole un toque de apenas cinco o diez segundos de soplete para fundir las grasas de la papada. El resultado nos pareció espectacular, una mezcla aterciopelada y delicada. Una muestra más de cómo las carnes de cerdo ibérico pueden ser consumidas en crudo o con cocciones muy ligeras con resultados sobresalientes.


Transcribimos la receta original de Clara P. Villalón,

Ingredientes:
150 gr de presa ibérica
15 gr de mayonesa casera
3 gr de mostaza Dijon
3,5 gr de alcaparras
3,5 gr de pepinillos
16 gr de aceite de oliva suave
16 gr de aceite de oliva virgen extra
17 gr de chalota muy picada
4 gotas de tabasco
pimienta negra molida y sal
2 lonchas de panceta curada
¼ de remolacha cocida

Elaboración:
Cortar la presa ibérica a cuchillo en cuadraditos pequeños.
Emulsionar la mayonesa con la mostaza, los aceites y el tabasco.
Mezclar la carne con la chalota picada y los encurtidos muy picados, aliñarlo con la emulsión previa y ponerlo a punto de sal y pimienta.
Picar muy finita la remolacha.
Emplatar el tartar de presa ibérica, poner encima muy poquita remolacha picada y para terminar un velo de panceta.
Se puede rematar con algunos brotes para la presentación.



sábado, 5 de noviembre de 2016

El Tafelspitz. Recuerdos de una Viena imperial y efervescente (o cómo resuenan en la cocina los ecos de un concierto de la Orquesta de Extremadura)





"Wien, Wien, nur du allein

  Sollst stets die Stadt meiner Traüme sein"
Rudolf Sieczynsky
Viena, Viena, sólo tú
serás la ciudad de mis sueños


Elegantes, límpidos, se deslizan los primeros compases de la Sinfonía número 33 de Mozart. Los primeros compases de una Sinfonía que son, también, los primeros de la temporada 2016-2017 de la Orquesta de Extremadura. De esta orquesta que desde el año 2000 tantas satisfacciones nos ha proporcionado, tantas noches de buena música, de emociones, de evocaciones.
Es seis de octubre y aunque unos calores recalcitrantes se niegan a abandonarnos, el paréntesis veraniego toca a su fin. El curso escolar ha comenzado, ya caen algunas hojas de los árboles, los días se acortan y se inicia la ya añorada temporada de conciertos. No son las mesas ajenas a estas novedades y algunos briosos guisotes, temporalmente abandonados por los rigores estivales, van resurgiendo en las ollas.

Tras la galante sinfonía de Mozart, la OEX interpretó la Cuarta Sinfonía de Bruckner, soberbia, ampulosa.

Más o menos con un siglo de diferencia los dos músicos vivieron en Viena, compusieron en Viena y, también en ella, ambos hallaron el fin de sus días.

Viena.

Recuerdos de algunos viajes, la música vienesa, algunas coincidencias históricas, el principio del otoño, los primeros guisos, el centenario de la muerte del emperador Francisco José I. Todo se confabula y la memoria gustativa comienza a hacer de las suyas, quizá evocando la convulsa y apasionante Viena de la época.

Viena. A orillas del Danubio, donde se cruzan todos los caminos que recorren Europa. A finales del siglo XIX y principios del XX Viena, imperial y decadente, hierve: Klimt abandera la Sezessión, la Academia Imperial se aferra a su conservadurismo artístico; Brahms reina en lo musical y en lo político reina el emperador Francisco José I. Mahler es elegido director de la Ópera. Freud rebusca en  los sueños. Se destruyen las murallas y se construye la ronda Ringstrasse: los arquitectos  Semper, Hasenauer, Hansen, Schmidt y Ferstel entre otros dan rienda suelta a su creatividad y surge una Babel de edificios historicistas: un parlamento helénico, una iglesia votiva, una universidad, un par de museos y una ópera neorrenacentistas, un ayuntamiento neogótico, un teatro neobarroco… Adolf Loos, uno de los protagonistas de la modernidad arquitectónica, dijo con ironía: " las dos últimas décadas nos han salido en las manos ampollas renacentistas, barrocas y rococós por culpa de los picaportes de las puertas". Juan Valera, embajador español en Viena por aquellos años escribió "la ciudad es magnífica. Hay un gran trozo o extensión de ella que pasma por la belleza y lujo de los edificios y monumentos. No es mejor lo mejor de París".
A esta Viena trepidante llegó el autor de la sinfonía que la OEX interpretó en la inauguración de la temporada. Anton Bruckner, de profunda religiosidad y origen pueblerino, estudioso de Wagner, vino a crear más discordia en la efervescente vida cultural vienesa que se dividía entre sus partidarios y

los  del omnipotente Brahms. Mientras, en los cafés, bailes y parques triunfaba la amable música de Johan Strauss II y, en otros ámbitos, se iba gestando la que se llamaría música del porvenir de la mano de Mahler, Zemlinsky, Schreker y Schömberg.


Allí afluyeron artistas y pensadores de todos los territorios de los Habsburgo para formar un crisol cultural del que nacieron buena parte de las vanguardias del siglo XX … Sólo Viena fue capaz de expresar la pluralidad centroeuropea en su continuo cruce entre tradición y modernidad…” como nos señala Raquel Sánchez, Profesora de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid

Pero en Viena no sólo bullía la cultura, también las ollas hervían. La mesa del emperador Francisco José I se caracterizó por su fastuosidad en los almuerzos y cenas oficiales, mientras que en el ámbito privado el Habsburgo mostraba gustos más sencillos. En un libro de texto oficial de la escuela de cocina de 1912 encontramos: “Nie fehlt an der Privattafel Sr. Majestät ein gutes Stück gesottenes Rindfleisches, das zu seinen Lieblingsgerichten zählt”. (Nunca falta en la mesa privada de Su Majestad un buen trozo de carne hervida, que es uno de sus platos favoritos). Y así consta también en otras crónicas que el emperador era muy aficionado al Tafelspitz, un plato sencillo y nutritivo muy popular en las cocinas bávara y, sobre todo, austriaca. El nombre "Tafelspitz" significa literalmente la punta de la mesa que es como se denomina en Austria al corte de carne empleado en este guiso. En España corresponde a la tapilla. No resultó fácil identificar este corte a partir de las fuentes inicialmente consultadas. Y es de justicia citar una vez más la ayuda, imprescindible y certera, de los amigos (además de buenos profesionales) de carnicerías Donoso quienes, a partir de un par de recetas en vídeo y otras con fotografías, todas en Alemán, identificaron el corte. Posteriores consultas acabaron confirmando su elección. Pero aún más la confirmó la calidad de la pieza que nos procuraron, que resultó tierna y sabrosa, si bien poco centroeuropea pues era un corte de ternera retinta realmente delicioso.

El Tafelspitz es una preparación de hondas raíces tradicionales, sin artificios. Probablemente emparentada con el pot-au-feu francés y con el bollito misto italiano, aunque ambos platos incluyen más tipos de carnes en su elaboración. Y, puesto que el Dictionnaire de la cuisine française de 1866 cita como posible origen del pot-au-feu la olla podrida española, quién sabe si nuestro protagonista es primo lejano de este antiguo plato español; en cualquier caso, si son familia, poco conserva del barroquismo de la monumental olla podrida. (entiéndase la olla citada en la literatura y recetarios del Siglo de Oro, no la actual olla podrida burgalesa… en un próximo artículo nos ocuparemos de ella)

Tafelspitz

En agua abundante, en frío, disponemos tres o cuatro huesos frescos y una pieza de tapilla de entre uno y dos kilogramos (preferentemente de reses jóvenes), diez o doce granos de pimienta, tres o cuatro bayas de enebro, una hoja de laurel, unas ramas de perejil y sal. Llevamos a ebullición y dejamos cocer a fuego medio durante una hora y media aproximadamente, espumando de vez en cuando.

Añadimos zanahorias, nabos, puerros y ramas de apio. También podemos añadir apio nabo (cèleri-rave, celery root) si tenemos la suerte de encontrarlo, pero no es frecuente en nuestros mercados. Dejaremos cocer otra media hora. Los tiempos son aproximados, el único secreto del éxito de esta receta es controlar bien los tiempos de cocción, de forma que la carne quede tierna y no seca y las verduras bien cocidas, pero no deshechas… cada cocina, cada olla, cada peso tiene sus tiempos.

Se sirve la carne cortada en rebanadas acompañada de las verduras. Suele tomarse con salsa de rábanos picantes y con salsa de cebollino. La salsa de rábanos no es difícil de encontrar en algunos supermercados. También lo podemos acompañar con puré de manzana con rábano picante.

En cuanto a la salsa de cebollino os sugiero esta preparación realmente resultona: remojamos en leche unos 100 gr. de miga de pan blanco, los escurrimos y lo mezclamos con tres yemas de huevo duro y una o dos cucharadas de mostaza al estragón, sal al gusto y un poco de pimienta blanca molida.
Emulsionamos en batidora con dos yemas de huevo y aceite de girasol. Una vez conseguida una consistencia cremosa, añadimos y mezclamos con cuidado tres o cuatro cucharadas de cebollino picado.

En estas tierras somos más dados a las carnes estofadas, con salsas más complejas o a las brasas, asados y planchas, pero créanme si les digo que, sin desmerecer a ninguna preparación, estos guisos aparentemente simplones nos pueden sorprender muy gratamente.

Que no se me olvide ¡Prohibido tirar el caldo de cocción!

El caldo donde hemos cocido la carne y las verduras, una vez colado y desgrasado, podemos utilizarlo con excelentes resultados en cualquier guiso, tomarlo como consomé con un chorrito de Jerez o preparar cualquier sopa. Pero si queremos completar nuestro menú austriaco…

Frittatensuppe

La frittatensuppe, también llamada flädlensuppe es una sopa muy popular en Austria que se prepara con un caldo de carne y verdura y que, por lo tanto, nos permitirá aprovechar el caldo de nuestro tafelspitz. El caldo debe ser lo más límpido posible. Si después de colarlo no queda suficientemente claro, lo pasaremos por una estameña. La diferencia de esta preparación con respecto a nuestras sopas tradicionales es que en lugar de fideos, pan, arroz u otras pastas, utilizaremos una especie de crepe cortada en tiritas.

Hacemos una masa con ochenta gramos de harina, un cuarto de litro de leche, un huevo y una cucharadita de sal. En una sartén con un poco de mantequilla freímos finas tortitas de esa masa, que luego cortaremos en tiritas de medio centímetro de ancho.

Por último, ponemos en el plato unas tiritas de crepe, vertemos el caldo caliente por encima y decoramos con perejil picado.


Una dulce e imperial tontería: Kaiserschmarrn

Para finalizar podemos preparar un postre muy popular en Austria, el Kaiserschmarrn, que parece ser que tuvo sus orígenes en las cocinas de los palacios de Francisco José I. La traducción literal de Kaisershmarrn es algo así como “el disparate o la tontería del emperador.” Hay dos versiones sobre el origen de este juego de palabras: un Schmarrn es prácticamente una tortita revuelta y Schmarrn también se traduce como nadería, disparate o tontería. Se cuenta que la emperatriz Isabel de Baviera (Sisi), encargó un postre al cocinero de palacio y al ver el plato que éste ideó, lo rechazó; entonces el emperador dijo: "a ver qué tontería te han preparado hoy, que me la voy a comer yo", y se quedó encantado con el postre. He ahí una versión.

Otras fuentes atribuyen el origen directamente a un antojo de Francisco José: estando éste en plan caprichoso, una noche encargó un plato dulce al cocinero de la Corte, que inventó este postre y lo
denominó Käser Schmarrn, disparates o caprichos de queso, probablemente por el protagonismo de la leche. De ahí el posterior juego de palabras Kaiser Schmarrn, disparates, tonterías o caprichos del emperador.

En cualquier caso, parece que la receta que nos ocupa tiene un origen imperial, lo que no impide que hoy sea un plato muy popular en las cocinas austriaca y bávara. Por su contundencia, en muchas ocasiones, se utiliza más como plato principal que como postre. Recuerdo una cena tras una larga caminata cruzando el Steinernessmeer, plató rocoso situado en la frontera entre Alemania y Austria, en los Alpes Bávaros. En el refugio Riemannhaus, nos sirvieron una sopa muy similar a la descrita en este artículo, con Knodel en lugar de las tiritas de crepes antes descritas y un Kaiserschnarrn de proporciones gigantescas. Puedo asegurar que pese a la dureza de la ruta, repusimos fuerzas.

Para preparar la masa, mezclamos en un bol cien gramos de harina, cuatro cucharadas de nata y ciento veinticinco mililitros de leche con una pizca de sal.

Separamos las claras de las yemas de tres huevos. Añadimos las yemas a la mezcla anterior y montamos las claras en otro cuenco. Añadimos un poco de azúcar vainillado.

Añadimos las claras montadas a la masa poco a poco con movimientos envolventes.

Derretimos un poco de mantequilla en una sartén grande y bien caliente y vertemos en ella la masa. Por encima añadimos unas pasas que antes habremos macerado en ron.

Bajamos a fuego medio y cuando esta especie de crepe esté dorada por debajo, se le da la vuelta y se deja dorar un poco más. Al final, la rompemos en trozos y terminamos de dorar. Hay quien prefiere terminarla entera en la sartén y trocearla en un plato aparte.

Se sirve espolvoreada con abundante azúcar glas y acompañada con compota de manzana.


Y una recomendación final: tomen nota de todas las recetas, pero no las pongan todas en el mismo menú, que empezar y acabar la comida con masa de crepe (o similar) es mucha crepe. Un Strudel de manzana puede ser un excelente final. Y el mismo caldo del tafelspitz con una gota de amontillado y un picadillo de huevo duro y jamón puede ser también un excelente principio y, además, así “hispanizamos” el menú.