"¿Qué has puesto para comer?
- ¡Oh! No te apures... El cocidito de siempre."


Tormento. Benito Pérez Galdós
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domingo, 23 de julio de 2023

La Feria Gastronómica de Segura de León (Y un tartar dedicado)



En la retina perdura el esplendor de campos de cultivo, olivares y viñedos. El vasto y sereno paisaje del Valle de Matamoros. El perfil de Jerez de los Caballeros y sus torres, soberbios encinares y alcornocales se entrelazan en una danza natural que deleita los sentidos, el formidable castillo de Fregenal y tras una curva, Segura de León desliza sus blancas calles desde su castillo que se yergue altivo, como un guardián de la memoria que nos transporta a tiempos lejanos. Tiempos de órdenes de caballería y escaramuzas moriscas.


Los paisajes del suroeste extremeño de belleza, ora serena y queda, ora imponente y abrumadora, justifican con creces el viaje, pero la experiencia de aquella tarde hizo que el 23 de junio sea una fecha para el recuerdo; Segura, un destino al que volver y los segureños, gente para no olvidar.


Me habían invitado a impartir una pequeña ponencia sobre la cocina del retinto. Me precedió en la palabra D. Ángel Rodríguez Armijo, presidente de la S.A.T. Carne de Retinto con una exhaustiva y documentada ponencia sobre esta fantástica raza de vacuno. Ángel no solo demostró un profundo conocimiento sobre todos los aspectos del retinto, sino también pasión. Y cuando se unen sabiduría y entusiasmo surge la excelencia.

Las ponencias se enmarcaban en la Feria Gastronómica Segura para Comérsela: un ejemplo de buen hacer. Discreta en su dimensión, esta feria irradia una grandeza innegable, que se refleja en la autenticidad y calidad de cada expositor y en el espíritu que infunde en cada visitante.  [Enlace al video de las potencias.]

Dos mil quinientos visitantes, seis casetas de bares o restaurantes, tres de ellos de la localidad y tres de lugares cercanos y diez casetas de productores, de los que cuatro eran segureños: Miel y Meloja de Segura de León, Quesos El Majadal, Hacienda El Vedado y Embutidos Romero. Mención especial requiere por su labor social la caseta de la Asociación de Discapacitados Cristo de la Reja.


En este espacio único y acogedor de la plaza de Segura, los sabores se funden con las sonrisas, y la camaradería fluye en cada encuentro. Es una celebración de lo auténtico, donde la calidad y el buen gusto son los protagonistas indiscutibles.

La feria Segura para Comérsela, en su modesta grandeza, nos invita a saborear no solo la exquisitez de sus productos, sino también la esencia misma de la pasión que ha dado vida a este maravilloso encuentro gastronómico. Pasión y orgullo que muestran Isabel, su alcaldesa, Lorenzo, Estrella, María del Vall y otros miembros de la corporación municipal cuyos nombres esta pésima cabeza ha sido incapaz de retener: mil gracias por vuestras explicaciones y vuestra hospitalidad.


Segura y su feria crean un escenario que cautiva los sentidos, cada paso por sus calles y callejuelas trae consigo la esencia de un legado cultural que perdura en la arquitectura, las tradiciones y el palpitar de su gente. Es un viaje hacia lo auténtico, donde la historia se entreteje con la modernidad, y donde el presente se nutre de las raíces que se aferran con fuerza al suelo. En las casetas de sus productores y sus bares paladeamos su arte que trasciende la mera producción de alimentos, pues su labor trae consigo un canto a la sostenibilidad, la comunidad y la identidad cultural. Son la conexión viva entre la tradición y el futuro, entre el saber ancestral y la innovación sostenible. Cuando saboreamos los frutos de su arduo trabajo, no solo saciamos el hambre, sino que también nutrimos nuestra alma con la historia de una tierra que ha sido cuidada con esmero durante generaciones.

Y uno que en esto de la cocina a veces cabalga por los terrenos de la osadía y lo pretencioso se he empeñado en unir en un plato a los productores segureños presentes en la Feria y, cómo no, al retinto. Un plato que me recuerde aquellos sabores y aquella tarde del 23 de julio.

En la breve ponencia sobre la cocina del retinto propuse un pequeño viaje por las cocinas de Europa. Viaje que inicié con el steak tartar, plato de origen incierto, pero que se recoge por primera vez en los recetarios franceses de las primeras décadas del siglo XX. De forma muy resumida podemos decir que consiste en carne de vacuno cruda, finamente picada y sazonada con diversos condimentos como mostaza, cebolla, encurtidos y yema de huevo. Es un plato muy apreciado por su sabor audaz y textura única. Hoy el tartar está de moda (para bien y para mal) y hay infinidad de fórmulas, no solo de carne de vacuno sino de otras carnes: presa o lomo de cerdo ibérico o venado por citar algunos ejemplos. Este tipo de preparaciones se ha extendido también a los pescados, sobre todo atún y salmón y en general ha dado nombre a infinidad de preparaciones de alimentos crudos, picados y aderezados, sean carne, pescado o vegetales. En un antiguo artículo de este blog nos ocupamos en profundidad de su origen y damos algunas versiones.

Y he aquí la osadía ¿Seremos capaces de ofrecer una fórmula de steak tartar que podamos dedicar a la feria Segura para Comérsela? ¿Podemos elaborar un tartar con “acento” extremeño?

Vayamos con la profanación de steak tartar.

El ingrediente principal no nos ofrece dudas: mitad solomillo de retinto y mitad lomo de retinto. Nos gusta mezclar las dos carnes para obtener un mayor juego de texturas y sabores.

Se nos ocurre que podríamos cambiar un encurtido por algo más extremeño ¿quizá unas aceitunas “machás”? También podríamos dar un toque saladito, sabrosón y travieso con un picadillo de jamón ibérico. Y ¿porqué no? coronar con una grasita golosona: un velo de papada ibérica. Ya tenemos parte de nuestros productores, embutidos Romero y Hacienda el Vedado. Y, claro, el retinto.

El queso resulta más complicado de integrar en el tartar, pero no vamos a renunciar a él y acompañaremos nuestro plato con unas barquillas de apio rellenas de crema de queso de cabra El Majadal: un toque crujiente, fresco y sabroso para degustar después del steak. Y abrazaremos las dos preparaciones con miel de Segura, que nos aportará un aromático y dulce contraste.


Ingredientes:

  • Solomillo y lomo bajo de retinto perfectamente descargados de grasas y pieles y finamente picados a cuchillo. (Siempre de un proveedor de confianza, en nuestro caso, Carnicerías Donoso).
  • Jamón ibérico (o paleta) picado en dados muy pequeños.
  • Papada ibérica cortada en lonchas lo más finas posible (casi transparentes)
  • Alcaparras
  • Aceitunas machadas picadas en diminutos dados
  • Cebolla morada fresca (se puede sustituir por otras cebollas)
  • Mostaza antigua (se puede sustituir por otras mostazas. Si se usa mostaza de Dijon hay que tener cuidado con la cantidad porque resulta más invasiva)
  • Yema de huevo
  • Salsa de soja
  • Salsa chipotle (un guiño a Hispanoamérica)
  • Sal, pimienta molida y aceite de oliva virgen extra.
  • Tallos de apio
  • Crema de queso de cabra El Majadal
  • Manzana (preferentemente Granny Smith)
  • Miel de Segura de León

Yema curada en soja:

Utilizando huevos muy frescos, separamos las yemas de la clara y cubrimos con salsa de soja. Dejamos reposar en el frigorífico durante dos o tres horas. A más tiempo, más espesa estará la yema.

Tartar:

Aderezamos la carne una vez limpia y picada con un picadillo de aceitunas machadas, alcaparras y cebolla. Mezclamos con aceite de oliva virgen extra, un poco de mostaza, sal y pimienta. Las cantidades dependerán del gusto de cada uno. Nuestra recomendación es empezar por pequeñas cantidades de aderezo e ir aumentando hasta lograr que esté a nuestro gusto. Nosotros preferimos quedarnos cortos para respetar el sabor de la carne.


Barquillas de apio con queso de cabra:


Cortamos tallos de apio en trocitos de unos tres centímetros.

Batimos crema de queso de cabra El Majadal con un poco de pimienta negra molida. Si se desea, se puede rebajar la intensidad con algún queso crema o nata, pero no lo recomendamos.

Cortamos unos daditos de manzana de menos de medio centímetro y mezclamos con el queso.

Rellenamos los tallos de apio con la mezcla.


Montaje del plato:


Sacamos las yemas de la salsa de soja y con mucho cuidado las ponemos sobre un papel absorbente.

Disponemos una primera capa generosa de carne aderezada (si se quiere se puede utilizar molde), encima de esa capa añadimos una capa muy fina del jamón ibérico picado. Cubrimos con una segunda y también generosa capa de carne. En la zona central haremos una pequeña depresión donde alojaremos la yema curada. Cubriremos con papada ibérica la zona del tartar donde no haya yema. Si queremos podemos dar un ligero golpe de soplete para que funda un poco la grasa de la papada. Decoramos con unos puntos de salsa chipotle.

En otro punto del plato disponemos algunas barquillas de queso.

Regamos (con moderación) con unos hilos de miel.

Muchas gracias a Lorenzo Molina y a Isabel Garduño por la invitación a participar en esta Feria y a Juan Pedro Plaza por actuar de “inductor” de esta invitación. A toda la corporación municipal y a todos los segureños por vuestra hospitalidad y a Ángel Rodríguez Armijo por enseñarnos tanto sobre la raza retinta
.







domingo, 21 de mayo de 2023

El duodécimo concierto: vientos del norte.



Desde el más recóndito norte, donde la vitalidad de sus bosques y tundras se entrelaza con la fuerza indomable de la tierra. Desde allí, donde la aurora boreal pinta el firmamento en una danza celestial que parece susurrar misteriosos cuentos ancestrales. Desde donde se alterna la serenidad de infinitas extensiones de bosques que presumen en el espejo de mil lagos con la sobrecogedora belleza de fiordos, angostos valles y montañas cincelados por los dioses del Asgard.

Desde Finlandia y Noruega nos llega el programa que la Orquesta de Extremadura ofreció en Badajoz el trece de abril. La Rapsodia noruega nº 3 de Johan Svendsen, el Concierto para trombón de Launy Grøndahl y la Sinfonía nº 2 en re mayor de Jean Sibelius con Toni Lloret, trombón solista, y la dirección de Miguel Romea llenaron el Palacio de Congresos de notas y armonías que se entrelazan con la belleza indomable de la tierra y las antiguas tradiciones del norte. Como un puente sonoro entre el pasado y el presente, la música nos transportó a un reino donde los ritmos ancestrales y los paisajes imponentes convergen en un abrazo eterno.
Invierno en Sognefjord. Johan Christian Dahl

Músicas que bien podrían ser la banda sonora de un paisaje de Eero Jarnelfelt o de Johan Chirsitian Dahl. Pongamos ahora la “banda culinaria”. Al igual que algunos conciertos pasados nos invitaron a viajar a Turquía, Brasil, Italia o Escocia, este concierto nos lleva a curiosear en los fogones de Noruega y Finlandia.
Metsalampi - Eero Jarnelfelt

Tienen merecida fama algunas preparaciones de pescado de la gastronomía noruega, pero hemos viajado al interior y elegido unas Kjøttkaker (albóndigas) porque así nos permitimos un gesto hacia la tierra sustituyendo el reno o la Norsk Rødt Fe (vaca roja) por nuestro retinto. Estas albóndigas son un plato muy popular en Noruega y con algunas variaciones lo encontramos en más países nórdicos, como bien nos han hecho saber en el paraiso de los muebles deconstruidos.

Kjøttkaker

Para las albóndigas:

500 gramos de carne picada (nosotros hemos utilizado retinto)
1 cucharadita de sal
Pimienta negra molida, nuez moscada rallada y jengibre en polvo
2 cucharadas de fécula de patata (el espesante de la marca de Maizena es fécula de patata) En su defecto podemos utilizar pan rallado.
100 cc de leche.

Para la salsa de carne:

4 cucharadas de mantequilla
4 cucharadas de harina
Caldo de carne (Nuestro caldo fue una cocción durante doce horas de cuatro huesos tostados de rodilla de vacuno, 250 gr de jarrete de retinto, zanahorias, puerro y apio).
Sal y pimienta.

Puré de guisantes:

Guisantes congelados
Caldo de ternera
Mantequilla, sal y pimienta.

Elaboración:

Primero, mezclaremos la carne, que habremos pedido que nos piquen muy finamente, con las especias, la sal, la fécula de patata y la leche. La moldearemos en forma de croquetas grandes y ovaladas.

Freiremos las albóndigas en mantequilla hasta que estén doradas.

Para la salsa, derretiremos mantequilla, añadiremos harina y cocinaremos a fuego lento hasta obtener un color nuez. Añadiremos caldo caliente gradualmente, dejaremos hervir y sazonaremos al gusto.

Incorporaremos las albóndigas a la salsa y cocinaremos a fuego lento hasta que estén listas.

Para la guarnición prepararemos un puré de guisantes con caldo de ternera, mantequilla, sal y pimienta. Y añadiremos a la guarnición unas patatas cocidas.

Remataremos el acompañamiento con una mermelada de arándanos.

Hemos acompañado el plato con un Famille Perrin Collection de Côtes du Rhòne de 2020 que entona bellas armonías con la mermelada de arándanos.

Y de arándano en arándano, tiro porque me toca y aterrizamos en Finlandia.

Los fineses son muy aficionados a la recolección de frutos silvestres. En verano es costumbre recorrer los extensos y bellos bosques recolectando frutos, entre ellos, arándanos. Tanto frutito ha dado lugar a un extenso recetario de mermeladas y tartas. Y para poner un dulce final ponemos en práctica una de las muchas fórmulas tradicionales. Hay que decir que poco tienen que ver el aroma de los arándanos cultivados a los que hemos tenido acceso con los que solemos recolectar en los bosques de Pirineos, pero nos han permitido elaborar una Mustikkapiirakka bastante resultona, al menos, una de las muchas versiones que hemos encontrado.

Mustikkapiirakka

Para la base:

115 gr. de mantequilla sin sal.
115 gr. de azúcar,
Un huevo
120 gr. de harina de respostería.
5 gr. de levadura química.
Extracto de vainilla

Para la cobertura:
180 gr. de nata ácida (Creime freiche)
50 gr. de azúcar.
Un huevo.
Arándanos en cantidad suficiente para cubrir la tarta.

Precalentaremos el horno a 180 grados y untaremos de mantequilla un molde de tarta poco profundo.

Mezclaremos la mantequilla con el azúcar, el extracto de vainilla y el huevo. Una vez que tengamos una mezcla homogénea, añadiremos la harina con la levadura tamizadas.

Distribuiremos la mezcla en el molde de tarta y lo cubriremos de arándanos, dejando un centímetro sin arándanos en los bordes.

Batiremos la nata ácida con el huevo y el azúcar y regaremos con esta mezcla los arándanos intentando dejar los bordes libres de mezcla.

Hornearemos unos 40 minutos o hasta que veamos que los bordes adquieren las tonalidades de los bosques en otoño y la cobertura está sólida.

Dejaremos volar la imaginación por los bosques finlandeses.



Conciertos de la temporada 2022-23 "Degusta"


Primer concierto Apología de la forma

Segundo concierto Belleza a contracorriente

Tercer concierto Aderezos intertextuales

Cuarto concierto: El cuarto concierto: saborear la admiración

Quinto concierto: Danzad, danzad malditos

Sexto concierto: Genealogías entrecruzadas

Séptimo concierto: Un brindis sagrado

Octavo concierto: El elogio de lo popular

Noveno concierto: Generación talento

Décimo concierto: Mirar atrás, caminar hacia delante

jueves, 6 de abril de 2023

El octavo concierto: aromas del Brasil y Turquía

 


En este octavo concierto de la temporada Degusta, la Orquesta de Extremadura nos ofrece con la batuta de la joven directora italo-turca Nil Venditti un menú de aromas viajeros que intentaremos responder en la cocina con ritmos exóticos.

Escuché por primera vez El buey sobre el tejado de Darius Milhaud en el Auditorio Nacional con la Orquesta Nacional de España dirigida por la temperamental Alondra de la Parra. Ha sido una grata sorpresa volver al escuchar este compendio de evocaciones brasileñas. El concierto prosiguió por tierras argentinas con el arpa de Ginastera. Y finalizó en las tierras turcas con obras de Ferit Tüzün y Fazil Say.

Un viaje sonoro que nos proponemos degustar.

Moqueca Bahiana

Y con el regusto de este concierto viajero, entro en la cocina mientras vuelvo a escuchar la pieza de Milhaud: alegre, algo cabaretera y cálida. Y, con su ritmo, me dispongo a cortar en ruedas dos pimientos, uno verde y otro rojo; una cebolla morada picada gruesa; un diente de ajo picado muy fino; dos tomates en concasé , un ramillete de cilantro y unas rodajitas de chile rojo para alegrar la fiesta.

 


Sofrío la cebolla y el ajo en aceite de oliva. Debería utilizar aceite rojo de palma, es decir aceite de palma sin refinar, pero no habiéndolo encontrado, utilizo un buen aceite de oliva virgen extra. Una vez rendida la cebolla, añado el pimiento, al poco tiempo el tomate y el cilantro. No nos debe quedar un sofrito demasiado blando, sino que debe conservar un poco de textura y, sobre todo, aromas aún frescos. Es el momento de añadir un vaso de leche de coco y otro de caldo de pescado y marisco.

Finaliza la obra de Milhaud y pongo la Série Brasileira de Alberto Nepomuceno obra en la que me parece reconocer algunos de los ritmos que también utiliza Milhaud y que resulta un buen acompañamiento para rematar esta fiesta brasilera.

Dejo hervir unos diez minutos y añado un pescado blanco, en esta ocasión he elegido rosada, cortado en trozos gruesos y langostinos pelados. Añado sal y pimienta y dejo cocer el tiempo justo que no malogre las texturas del pescado. No más de cinco minutos.


Servimos con arroz blanco y gajos de lima, para quien quiera dar un guiño ácido y travieso a la moqueca.

Hay otras moquecas en Brasil, algunas incorporan achiote, otras no llevan leche de coco. Con ésta, evocamos Salvador de Bahía, los colores del Pelourinho y la algarabía de su puerto de pescadores: un guiso marinero lleno de matices, cálido, de aterciopelada textura y frescos aromas.

Y con el alma en clave viajera pienso en el mestizaje de los calderos e imagino una ruta de guisos desde esta y otras moquecas, las cataplanas de Azores y Portugal, las caldeiradas gallegas, el sorropotún, el marmitako, los suquet, la bullabesa, el cacciucco, la gregada...: los pescados de cada mar, los productos de las américas y las historias marineras, historias en las que la ley es la fuerza y el viento y la única patria la mar.

Y así, del uno al otro confín, cocinando alegre, dejo Asia a un lado, al otro Europa y me dirijo a Estambul… (En algún sitio he leído algo parecido, quizá en Almendralejo, donde crecen las vides del Solo Cayetana de Bodegas Payva que he elegido para acompañar esta moqueca.)

Salchichas de Esmirna, Kefta, Kofta...

Evocaremos ahora los ritmos de Ferit Tüzün y Fazil Say con aromas del medio oriente.


Da igual cómo las denominemos, solo Turquía se jacta de tener más de doscientas recetas, variaciones de una suerte de carne picada especiada que encontramos desde Grecia hasta Marruecos. Redondas, alargadas, aplanadas, atravesadas por un pincho de brocheta o sin él...

Las recetas originales utilizan carne de cordero, nosotros utilizaremos vacuno o mezcla de vacuno y cordero. Una vez bien picada la carne la aderezaremos con canela, comino y pimienta molidos y perejil, cebolla y ajo muy picados y le daremos cohesión con pan rallado y huevo. Algunas recetas sustituyen el pan por trigo bulgur. Una vez que le demos la forma que se nos antoje, las freiremos, las pasaremos a la plancha o las haremos a la brasa. A nosotros nos gusta dejar el interior poco hecho, pero tanto el punto como la cantidad de cada ingrediente son cuestión de gustos.



Acompañaremos con un tomate frito aderezado con perejil, laurel, ajo picado y comino y pimienta molidos.

Solo queda dejar volar la imaginación y guiados por los aromas deambular por los puestos de especias de un mercado turco, persa, árabe... Y transgrediendo las tradiciones del Medio Oriente, descorcharemos un Viñapuebla Selección de Bodegas Toribio y entonces la fiesta de los aromas volará alto, muy alto.


Conciertos de la temporada 2022-23 "Degusta"


Primer concierto Apología de la forma

Segundo concierto Belleza a contracorriente

Tercer concierto Aderezos intertextuales

Cuarto concierto: El cuarto concierto: saborear la admiración

Quinto concierto: Danzad, danzad malditos

Sexto concierto: Genealogías entrecruzadas

Séptimo concierto: Un brindis sagrado

domingo, 26 de marzo de 2023

El séptimo concierto. Parsifal y un fricandó



Pablo Heras Casado inaugurará con Parsifal el Festival de Bayreuth de 2023, único director español con la excepción de Plácido Domingo que ha interpretado a Wagner en su templo. En Badajoz hemos tenido la oportunidad de disfrutar, en versión de concierto, de la primera interpretación de Parsifal de Heras Casado al frente de la Orquesta y el Coro de Cámara de Extremadura. La interpretación ha merecido no pocos elogios en la prensa especializada, para nosotros, inolvidable.

En el sombrío espacio entre el deseo, la desilusión, la belleza y el dolor, asistimos a una de las declaraciones de esperanza más sublimes del siglo XIX.” Así comienzan las notas al programa. El Santo Grial y la sagrada lanza que atravesó el costado de Cristo. Caballeros andantes, brujería, amor, compasión y justicia. La leyenda céltica y elementos orientales. Espiritualidad cristiana y tradición esotérica. A partir del poema épico medieval de Wolfram von Eschenbach, Wagner nos deja en su última obra un testamento colosal en forma de Bühnenweihfestspiel, festival escénico sacro, según él mismo lo denominó.

La acción transcurre en las montañas del norte de España, donde la leyenda sitúa al santo Grial; unos dicen que en Aragón, en San Juan de la Peña; otros, que en Cataluña, bien en San Pere de Roda o en Montserrat. ¿Será Montserrat el Montsalvat de Parsifal? Eso debieron suponer los jerarcas nazis, pues a Montserrat vino a husmear Himmler en su búsqueda del Grial. Entre sus muchos delirios, trágicos delirios, algunos nazis tenían convicciones esotéricas.
Imagen de bearfotos en Freepik

Como prosaico contrapunto al misticismo y grandiosidad del drama, se nos antoja que Parsifal, Anfortas y compañía, por muy elevados que fuesen sus anhelos, en algún momento habrían de alimentarse. Y qué mejor fuente de inspiración para imaginarles entregados al mundano negocio del yantar que el Llibre del sent soví.

El Llivre del sent soví , que data de 1324 y está escrito en catalán, es el recetario más antiguo escrito en lengua romance que se conoce. En sus recetas no es difícil entrever las raíces de parte de la cocina catalana más tradicional.

El fricandó no se encuentra entre las fórmulas presentes en el Llivre pero bien podrían identificarse su raíces en esos sofritos y sosegadas cocciones tan presentes en sus páginas y las setas necesarias para su elaboración bien podrían recolectarse en los bosques de Montsalvat.

Puestos manos a la obra consultamos multitud de recetas. Primero descartamos las muchas que llevan tomate entre sus ingredientes: recordemos que Colón todavía no la había liado roja, más que parda, en las cocinas europeas con el tomate, el pimiento y la patata.

De las muchas fórmulas consultadas nos quedamos con la del maravilloso blog Olleta de verdures. Solo el primer párrafo nos parece toda una declaración de intenciones que nos predispone muy favorablemente: “Sempre havia tingut molt d’interès en fer un fricandó. Per mi, era com una mena de plat mític de la cuina tradicional catalana; un d’aquells plats densos, consistents, que em remeten ràpidament a un origen mític lligat al cicle de la natura i les coccions llargues. Un plat per a iniciats, de senyores grans amb delantal i mans expertes que mouen ingredients guardats en pots de vidre gruixut. Una recepta secreta, plena de passos inevitables i concrets que demanen un coneixement precís del procés. Un tresor que passava de mares a filles com a part de l’herència, junt amb el tros de terra i els quatre duros…” Con el segundo párrafo, nos conquista, pues quien de este modo se pronuncia, por fuerza ha de dar una receta con seny: “La llegenda particular que m’havia montat amb el fricandó es va fer més intensa, més profunda, quan vaig començar a llegir i sentir declaracions de grans cuiners que (gairebé) acusaven les noves generacions de “voler ser innovadors quan no saben fer un fricandó com cal”…”.

El fricandó es de esos platos en los que el tiempo y el cariño son parte esencial. Tan importante como los propios ingredientes. Una receta a la que hay que acercarse con respeto y sin prisa.

Comencemos con la elección de la carne. La receta que seguimos utiliza tall que es pela (vacío). Otras fuentes consultadas utilizan contra, espaldilla, aleta, morcillo de muslo, tapa, babilla… Nosotros, tras consultar como en tantas ocasiones con nuestra carnicería de cabecera, Donoso, hemos optado por una soberbia pieza de morcillo de muslo de ternera retinta.

En cuanto a las setas, puesto que no estamos en temporada nos hemos visto obligados a utilizar setas desecadas, concretamente rebozuelos y, por dar un toque de frescura, añadimos una bandeja de shitake natural. No es lo más ortodoxo, pero no ha sido malo el resultado. La receta que seguimos utiliza senderuelas.

Elegidos estos dos ingredientes, el resto es sencillo: una cebolla dulce y un diente de ajo por cada medio kilogramo de carne aproximadamente, una copa de vino blanco, un vaso de agua, harina, sal, pimienta y aceite de oliva virgen extra.

Como recipiente hemos utilizado una gruesa cazuela de hierro fundido.

Primero salpimentamos y enharinamos la carne cortada en filetes. En una sartén aparte, freímos en aceite de oliva y reservamos. Con la mitad del aceite de la fritura ya vertido en la olla de hierro sofreímos muy lentamente la cebolla rallada y el ajo picado lo más finamente posible. Cuando la cebolla comience a tomar el pardo color de los robledales en otoño añadimos el vino y dejamos que se evapore el alcohol, añadimos el agua, la carne y las setas.

A partir de este momento es el tiempo y la mesura en el fuego quienes deben hacer su trabajo. El resultado debe ser una carne tierna que no necesite cuchillo. Tierna pero no seca. Y la salsa, espesa, debe impregnarlo todo como una mermelada. No es una receta complicada, pero requiere templanza y equilibrio.

Como guarnición sugerimos un arroz, quizá del Delta del Ebro y acompañarlo con un tinto del Montsant.

Nosotros nos permitimos transgredir lo local y utilizamos un basmati integral de origen del Punjab sofrito con un poco de ajo y unas pasas. En la copa fluyó un Gran Colegiata de Bodegas Fariña de la D.O. Toro.


Conciertos de la temporada 2022-23 "Degusta"


Primer concierto Apología de la forma

Segundo concierto Belleza a contracorriente

Tercer concierto Aderezos intertextuales

Cuarto concierto: El cuarto concierto: saborear la admiración

Quinto concierto: Danzad, danzad malditos

Sexto concierto: Genealogías entrecruzadas





viernes, 11 de diciembre de 2020

Isicitia ad diem mortem sanctae martyris Eulaliae celebrandum (Albóndigas para celebrar el día de la Mártir Santa Eulalia)


Mérida, una mañana neblinosa de principios de diciembre.

Las nieblas de la mártir las llaman en estos lares, porque la mártir, Santa Eulalia, es patrona de Mérida y se celebra el diez de diciembre. Me gusta la niebla. Me gustan las mañanas de niebla, de frío húmedo, su velo de misterio; en las calles silenciosas el silencio es más silencio y el tiempo más lento.

Como hace siete años (y seis días, para ser exactos, pues estas líneas comienzo a escribirlas el dos de diciembre) dos Jaimes desayunan: uno, el que suscribe, el otro, que además repite tostada de aceite como aquel 26 de noviembre de 2013, el culpable de este blog.

Un breve paseo, Jaime (el de la tostada) guía. Pasamos bajo el arco de Trajano, nos dirigimos a la calle Holguín, hasta donde se rompe la línea de fachadas y el suelo se abre develando secretos dos mil años atesorados. Es ahora Lucio Corbelio Bocco quien me habla de culto imperial, de la gran plaza a la que daba entrada el arco de Trajano, de grandezas y vicisitudes de Emerita Augusta.

Y los Jaimes salen del templo, hacia la niebla que viste de organza la desnudez otoñal de los jardines de la plaza de la Constitución. Uno, el de la tostada o Corbelio Bocco que viene ser el mismo, habla de proyectos y mil asuntos; el otro, el que suscribe, se ha quedado en Emérita Augusta y piensa que este Cocidito nunca se ha adentrado en las cocinas del imperio.

Nos hemos aventurado en las cocinas del medievo, en las influencias arábicas, en el Siglo de Oro… pero, salvo alguna tímida mención, no hemos fisgoneado en los fogones romanos. Y enardecidos por los relatos de Lucio Corbelio Bocco acometemos la lectura de De Re Coquinaira en la edición de Bárbara Pastor Artigues (Ed. Coloquio. Madrid, 1986).

Nos enfrentamos a la lectura del más antiguo de los libros de cocina conocidos, escrito entre los siglos I y III d.C. La traducción que nos ocupa se basa en una edición abreviada publicada en el siglo III. Sobre el autor existen dudas, según afirman los expertos, pues aunque no cabe duda de que es Apicius, no sabemos de qué Apicius se trata. Del prólogo de la edición de Pastor Artigues extraemos: “Conocemos a un Apicio del año 95 a.C., que vivió bajo Sila. Otro de tiempos de Tiberio, y un tercero de tiempos de Trajano. El más famoso es el que vivió bajo Tiberio, conocido por el nombre de Gavius Apicius, nacido el año 25 a.C. Dan testimonio de él Tácito, Plinio, Suetonio y Séneca, a través de los cuales sabemos que ofrecía banquetes suntuosos e impartía cursos de gastronomía.

¿Interesa saber más acerca de Apicio? Quizás debamos mencionar que su final desgraciado nos acerca el recuerdo de quien vivió por y para dar gusto al estómago y a la vista: se suicidó por miedo a vivir privado del lujo del buen comer, cuando consideró insuficientes los sestercios que le quedaban. Fue un hombre que despilfarró una gran fortuna en comer a su gusto. Podemos leer su muerte en “Consolatio ad Helviam”, de Séneca
.”

Después de la lectura de De Re Coquinaria extraemos algunas conclusiones:

- Nos encontramos ante un libro de cocina que poco tiene que envidiar en su forma y contenido a muchos libros de cocina actuales y, a nuestro parecer, mucho mejor estructurado que buena parte de los recetarios medievales que hemos tenido oportunidad de consultar.

- Lejos de encontrarnos con una cocina primitiva y basta, se observa refinamiento y una preocupación constante por los efectos sobre el estómago.

- Las mayores diferencias entre la cocina actual y la romana pueden estribar, por una parte, en la profusión del uso de hierbas aromáticas y especias, que podría desvirtuar los sabores del ingrediente principal pero también ayudar a su conservación o a disimular los tufillos ocasionados por el paso de tiempo. Y, por otra parte, los puntos de cocción: los romanos no eran muy aficionados a las carnes vuelta y vuelta, es más, cocían antes de asar. Ciertamente, preferimos no imaginar un tartar o un tataki de carnes conservadas en la cella penuaria (despensa) de una domus (casa) emeritense en el mes de julio, incluso sabiendo que tales dependencias solían orientarse al norte y carecían de ventanas.

- Nos encontramos ante un libro de cocina del que gran parte de las recetas podrían adaptarse a la cocina actual. Salvando el uso de algunas partes pudendas del cerdo, más bien de la cerda, que han caído en desuso incluso de los mayores entusiastas de la casquería.

- Es imposible imaginar el Imperio Romano sin garum. El garum o garo está presente en más del noventa por ciento (no es una exageración) de las recetas del libro.

- Ah, y lamentamos contradecir a Obelix, de quien somos fieles seguidores: No, no están tan locos estos romanos; no, al menos, en materias del yantar.

Resulta realmente llamativa la omnipresencia del garum. Se trata de un licuado (liquamen) procedente de la fermentación de vísceras y sangre de pescado y pescados pequeños aromatizado con hierbas y especias. Lo que en una primera impresión puede resultar repugnante, no debía serlo en absoluto: no olvidemos que la salsa Worcestershire (o salsa Perrins) procede de una fermentación de varios ingredientes vegetales y anchoas. También se comercializan varias salsas orientales que proceden de la fermentación de pescado y la salsa de soja se elabora con soja fermentada.

Mucho se ha escrito sobre el garum. Algunos importantes cocineros han hecho sus ensayos. Un biólogo de San Vicente de Alcántara y formado en la Universidad de Extremadura, Álvaro Rodríguez Alcántara, y otros investigadores en un trabajo conjunto con la Universidad de Venecia crearon en 2015 a partir de unas ánforas encontradas en Pompeya una fórmula que aseguran que podría ser casi idéntica al garum de la época imperial. La fórmula actualmente la comercializa una firma jerezana y no hemos tenido oportunidad de probarla, pero no duden de que lo haremos en breve.

En las preparaciones del libro de Apicius no aparece apenas la sal, que es sustituida por el garum, una práctica muy similar al uso de la salsa de soja en parte de la cocina oriental. Se trata en definitiva de un potenciador del sabor que en nada debe hacernos pensar que los romanos lo aderezaban todo con pescado podrido como se ha llegado a asegurar.

Mucho podría escribirse sobre De Re Coquinaria, pero va siendo hora de ponerse manos a la obra o más bien a los fogones.

No sabíamos muy bien qué receta elegir para la ilustración sápida de estas líneas, así que cogiendo un poco de una receta, una idea de otra y, sobre todo, el estilo que parecía imperar en muchas de ellas, hemos creado nuestra propia fórmula de “Isicitia ad diem mortem sanctae martyris Eulaliae celebrandum” (albóndigas para celebrar el día de Santa Eulalia). Una receta de ensayo que nos ha sorprendido muy gratamente.

El nombre latino es mérito de Isabel Pozas González, que amablemente se ha prestado a la extraña petición de traducir el nombre de una receta de albóndigas y es que siempre viene bien tener una buena amiga licenciada en Filología Clásica, primera de su promoción para más señas. Muchas gracias, Isabel.

Algunas notas previas:

Elegimos unas albóndigas (Isicia) por la abundancia de estas preparaciones en el libro de Apicius. Las encontramos de varios pescados y de todo tipo de carnes. Generalmente acompañadas de alguna mezcla de verduras troceadas. Nos decantamos por la carne de cerdo por ser la más presente en el libro además de las aves y la caza, aunque nos permitimos añadir algo de vacuno por cuestiones de sabor y textura.

No disponemos de garum y descartamos por higiene intentar una fermentación casera de pescado. Leemos varios sustitutos de garum ideados por algunos prestigiosos cocineros y la fórmula más repetida es una salsa de anchoas y aceitunas negras con hierbas y especias. En definitiva, una variante de una tapenade provenzal. Por tanto, decidimos hacer nuestra propia versión utilizando anchoas y cambiando las aceitunas negras por manzanilla verde que, puesto que en su curado sufre una fermentación láctica, creemos que puede aportar unos matices de aromas de fermentación.

Albóndigas para celebrar el día de Santa Eulalia

Ingredientes

Albóndigas:

200 gramos de carne picada de vacuno, 300 gramos de carne picada de cerdo y 100 gramos de panceta ibérica picada.
Dos o tres cucharadas de pan rallado.
Un huevo.
Abundante perejil picado.
Una escalonia picada (Chalota es un galicismo).
Pimienta negra recién molida al gusto.
Una cucharilla de granos de mostaza.

Sofrito:

Un puerro
Medio bulbo de hinojo
Una rama de apio
Aceite de oliva virgen extra (Me niego a utilizar el término “AOVE”)

Sustituto de garum:

Una o dos latas de anchoas y el aceite de las mismas.
10 - 15 aceitunas verdes dehuesadas (hemos utilizado aceitunas rellenas de anchoa).
Unas gotas de salsa Perrins.
Orégano al gusto.
Agua o caldo de pescado en la cantidad justa para poder triturar todos los ingredientes en batidora.

Elaboración

Mezclamos de forma homogénea todos los ingredientes de las albóndigas y damos forma.

Enharinamos y freímos en aceite de oliva, lo justo para dorar la harina y eliminar el sabor de su crudeza. Reservamos.

Picamos en brunoise el puerro, el hinojo y el apio. Sofreímos en el mismo aceite donde se han frito las albóndigas.

Una vez que las verduras hayan perdido su rigidez, añadimos las albóndigas y cubrimos con un vino blanco seco. Dejamos hervir unos minutos y añadimos nuestro “pseudo-garum” diluido con un poco de vino blanco. Movemos la cazuela para que se integren todos los ingredientes y dejamos unos minutos a fuego lento.

Podemos retirar las albóndigas y triturar la salsa para obtener un resultado más fino. Nosotros lo hemos dejado “al estilo tradicional”.


Maridaje:

Si estuviésemos en los tiempos de Apicius, recomendaríamos uno de los muchos vinos aromatizados que eran habituales en la época, probablemente porque la técnica enológica del momento no debía ofrecer vinos demasiado bebibles sin añadir miel, rosas, clavo…

Pero no muy lejos de Mérida, la bodega Pago de los Balancines nos ofrece un blanco que se nos antoja idóneo para acompañar este plato: su Alunado Chardonnay.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Una cena del comisario Maigret. El buey a la borgoñona (boeuf bourguignon)

Entre las volutas de los vapores que escapan de las tapas temblorosas de las marmitas se leen historias de otros tiempos y lugares remotos; como los libros, que entre sus líneas exhalan aromas de viajes, luces y sabores de Ítaca.

Se me antoja que los libros tienen dos historias: la que narran sus páginas y la suya, su peripecia: quién los dejó en el estante, cómo llegaron, cuándo… 

Aquellos libritos delgados de cubiertas flexibles con la silueta de un señor con sombrero y pipa eran libros de mayores. Eran los libros que mi padre compraba en las difuntas Librerías de Ferrocarriles y que le daban compaña en los viajes de Madrid a Cercedilla, donde mi madre, mis abuelos y yo pasábamos los meses de la canícula. Según fui abandonando las viñetas, guiado por el consejo paterno, me adentré primero en el mundo de Salgari; el de Julio Verne se me hizo más difícil de digerir; después en el de Agatha Christie y, un par de veranos después, comencé a trasegar aquellas novelitas del comisario Maigret. Tendría doce años cuando empecé a imaginar un París en blanco y negro: el bulevar Richard Lenoir, el Quai des Orfevbres… Un universo de gentes, calles y, también, sabores. 


Madame Pardon había preparado un buey a la borgoñona y nadie sabía mejor que ella preparar aquel plato a la vez sólido y refinado que había sido objeto de la conversación mientras comieron.
Se habló también de la cocina provenzal (1), del cassoulet, del pote de Lorena, de los callos al estilo de Caen, de la bouillabaise.
- A decir verdad casi la mayoría de estos platos fueron consecuencias de la necesidad… Si los refrigeradores hubieran existido durante la Edad Media…
”  

Maigret y el asesino. George Simenon.

La conversación tenía lugar en algún edificio del bulevar Voltaire. Pardon era el gran amigo del comisario Maigret y poco después de la plácida reunión se iniciaría una investigación sobre algún truculento asesinato. No deja de llamarme la atención cuántos escritores de novela negra y policiaca han coincidido en atribuir aficiones gastronómicas a sus detectives protagonistas. Montalbano (Andrea Camilleri) y Brunetti (Donna Leon) entre crimen y crimen no pierden ocasión para ensalzar las cocinas siciliana y veneciana, Jaritos (Petros Márkaris) hace lo propio con la griega. Aunque puestos a citar detectives gourmet, puede que la palma se la lleve nuestro Carvalho (Vázquez Montalbán). 

El comisario Maigret no es un refinado gourmet ni mucho menos un cocinillas: es un hombre que disfruta de la buena mesa, de las tradiciones culinarias, de los placeres de un sencillo bistrot, de un vaso de vino blanco en una tasca de barrio. A lo largo de las setenta y nueve novelas protagonizadas por el comisario, Simenon refiere más de trescientos bares y restaurantes. Según una estadística que comencé y algún día terminaré (creo), solo en sus primeras cuatro novelas aparecen cuarenta y ocho citas de bebidas o comidas.

Y, al igual que los otros detectives mencionados, Maigret también cuenta con su libro de cocina: Las recetas de Madame Maigret, escrito por Robert J. Courtine, amigo personal de George Simenon. En las novelas de Maigret no aparecen recetas, pero nombra un buen repertorio de platos tradicionales franceses que Courtine recopila entre las páginas de las novelas, describe la fórmula y sugiere el maridaje que le parece más idóneo. Resulta un interesante recetario de cocina francesa, del que el propio Simenon escribió el prólogo que constituye toda una declaración: “Muchas personas, sobre todo en estos últimos años, se las dan de entendidas en gastronomía y casi todos los diarios y revistas tienen su sección dedicada a la "buena mesa". Sin embargo, la cocina de la que se habla casi siempre es una cocina de fantasía que armoniza mejor con los muebles hinchables de plástico que con un buen comedor de sólidos muebles.” No cabe duda de que Simenon convierte al comisario en su alter ego en cuanto a gustos culinarios se refiere. 

No había mantel sino papel estampado sobre la tabla encerada de las mesas que el dueño aprovechaba para sus cuentas.
En una pizarra podía verse escrito con tiza:
Picadillo
(2) del Morvan
Rodaja
(3) de ternera con lentejas
Queso
Tarta de la casa
El juez gordinflón se encontraba a gusto en ese ambiente aspirando con glotonería el espeso tufillo de comida. No había más que dos o tres clientes silenciosos y asiduos a los que el propietario llamaba por su nombre.

Maigret se limitó a comentar:
-¿Le gusta la ternera?
-Me gustan todas las especialidades del campo
(4)
. Soy hijo de campesinos yo también…
La paciencia de Maigret
. George Simenon

Inciso sobre las traducciones de los textos citados: 

Sabemos que la traducción no es tarea fácil y, a juzgar por lo leído en estas novelas, el traductor no estaba muy ducho en materia de gastronomía: 

(1) En el original en francés aparece “cuisine provinciale”. La traducción “provenzal” no nos parece muy acertada salvo que estiremos los límites de la Provenza a más de media Francia, el cassoulet es propio de la comarcas occitanas, Caen está en Normadía, Lorena, al norte, frontera con Bélgica y Alemania y la boullabaise que se elabora en la Costa Azul, por cercanía es la única que podría considerarse provenzal. De modo que “cuisine provinciale”, más bien se debería traducir como nuestra expresión “cocina regional”. 

(2) Picadillo de Morvan es la traducción que la edición española da a “rillettes du Morvan”. Los rillettes son el producto de una larga cocción de carne y grasa de cerdo condimentadas, resultando una especie de paté, que a veces y en modo cariñoso recibe el nombre confiture de cochon (mermelada de cerdo), lo más parecido en España puede ser la zurrapa de lomo andaluza. También se elaboran con pato u oca. 

(3) La “rodaja de ternera” suponemos que se refiere al redondo de ternera. 

(4) Y, por último, el “terroir” que el traductor identifica como “campo”, creemos que tiene otras connotaciones más amplias y con cierto componente emocional, que nosotros hubiésemos traducido como “especialidades de la tierra”. En el mundo del vino terroir equivale a nuestro terruño. 

De ese universo de imágenes parisinas rescato hoy el buey a la borgoñona, el bueuf bourguignon de aquella cena con el matrimonio Pardon. 
Hay algunas recetas a las que me acerco con especial reverencia y ésta es una de ellas. El buey a la borgoñona es uno de los grandes platos de la cocina tradicional francesa y eso ya me infunde respeto. No es un es un plato difícil, pero requiere mimo y ninguna prisa, sobre todo ninguna prisa. Pero el tiempo invertido tiene su recompensa en la mesa: aromas, texturas, equilibrio. Un plato cálido, sosegado para ser acompañado con buen vino y buena conversación. 

Cuando se elabora con cuidado y se consigue un aroma perfecto, es uno de los platos a base de buey más deliciosos que se hayan creado El arte de la cocina francesa. Julia Child 

Han sido muchas las fórmulas consultadas y varias las ensayadas y pese a la introducción del artículo, no ha sido la de Las recetas de Madame Maigret, sino la de El arte de la cocina francesa de Julia Child, con alguna pequeña licencia la que más satisfacciones nos ha proporcionado. 

Antes de meternos en harina haremos acto de contrición porque ni hemos utilizado carne de buey, sino de retinto, ni hemos empleado vino de Borgoña, sino extremeño. Hemos elegido jarrete por su consistencia melosa y, confesamos, porque su jugosidad permite cierta elasticidad en el punto de cocción que no necesita tanta precisión como otras piezas. Julia Child recomienda usar trozos de cadera, aguja, espaldilla, babilla, tapa o cuarto trasero y en este punto invitamos a nuestros amigos de  Donoso Carnicerías, habituales e infalibles proveedores de satisfacciones carnívoras, a opinar sobre el tema. De momento ya estamos en conversaciones para que para futuras elaboraciones de este guiso nos provean de jarrete de vaca gallega, que sin ser buey, se acercará más a los sabores originales.
Ingredientes: 

750 g de la carne elegida
150 g de panceta fresca o bacon, nosotros hemos elegido bacon.
Dos zanahorias
Una cebolla
Una rama de apio
Un puerro
Vino tinto (preferentemente de corta crianza)
Caldo de carne (la cantidad que se necesite)
Concentrado de tomate o tomate deshidratado en polvo.
Dos dientes de ajo majados
Un bouquet garnie
Cebollitas francesas
Champiñones
Aceite de oliva, mantequilla, sal, pimienta, harina

Se recomienda una cazuela de hierro fundido o porcelana con tapa, apta para horno. Hemos probado una cocción convencional en fuego, olla lenta y horno. Y, sin duda, el mejor resultado lo hemos obtenido con horno. Si no se dispone de una cazuela de esas características, podemos utilizar alguna que no tenga asas de plástico y taparla lo mejor posible con papel de aluminio.

Elaboración:
 
La primera recomendación es elaborar el guiso un día antes del festín. Así lo haremos con menos prisas y, sobre todo, reposará, espesará y se integrarán mejor todos los sabores. Para el “día D”, dejaremos solo las guarniciones. 

Primero cortaremos el bacon en lardons es decir en taquitos gruesos y alargados. Los escaldaremos en agua hirviendo unos minutos para aminorar el sabor ahumado. Y los reservaremos sobre un papel de cocina que absorba el agua. 

Cortamos la carne en trozos gruesos, de unos tres o cuatro centímetros e iremos precalentando el horno a 230 grados. 

Cubrimos el fondo de la cazuela con aceite de oliva, salteamos el bacon hasta que se dore y lo reservamos. En ese mismo aceite bien caliente doramos por todos sus lados los trozos de carne y los reservamos. 

Y, otra vez en el mismo aceite, salteamos las zanahorias cortadas en ruedas y la cebolla en juliana gruesa. Una vez que estén ligeramente doradas apagamos el fuego y colocamos encima de la verdura los trozos de carne y los lardons. Salpimentamos y cubrimos con harina, removemos ligeramente para repartir bien la harina e introducimos la cazuela destapada en el horno hasta que se cree una costra. 

Sacamos la cazuela, a ser posible con guantes porque el olor a nuestra piel quemada puede contaminar el guiso, y bajamos la temperatura del horno a 150 grados. 

Añadimos la rama de apio, el bouquet garnie, los dientes de ajo rotos con un golpe en plano con la hoja del cuchillo y cubrimos con vino y caldo, en una proporción aproximada de dos partes de vino por una de caldo. Añadimos una o dos cucharadas de concentrado de tomate o de tomate deshidratado en polvo disuelto en un poco de caldo. 

Ponemos en el fuego fuerte, llevamos a ebullición y metemos nuevamente la cazuela, esta vez tapada, en el horno. 

Poco a poco los aromas irán invadiendo la cocina. A partir de las dos horas podemos ir vigilando el punto de la carne. Lo normal es que la cocción dure entre dos horas y media o tres, pero dependerá de la pieza elegida.

Como hemos recomendado hacerlo un día antes, al enfriarse y reposar, el exceso de grasa, si lo hay, subirá a la superficie, lo que nos permitirá un buen desgrasado. Si observamos que la salsa ha quedado excesivamente líquida, siempre podríamos retirar las carnes y la verdura y reducir al fuego. En nuestra experiencia, solo fue necesario cuando hicimos la cocción en olla lenta.

El bouquet garnie

El bouquet garnie puede ser un ramillete de hierbas aromáticas frescas (romero, perejil, perifollo, tomillo, salvia…) O un paquetito de hoja de puerro en el que se envuelven varias hierbas y especias. Esta modalidad nos permite utilizar hierbas secas sin que la salsa se llene de hojitas y restos, además la hoja de puerro hace cierta labor de filtro y evita excesos de aroma. En nuestro caso hemos utilizado laurel, tomillo, romero, mejorana, perejil y clavo. Para que la hoja de puerro sea más flexible y sea más fácil el empaquetado podemos ponerla treinta segundos en el microondas a máxima potencia.

Las guarniciones:

Pelamos las cebollitas con mucho cuidado de no romper las capas para que no se deshagan. En una sartén o cazuela con diámetro suficiente para poder disponer todas las cebollitas en una sola capa añadimos un poco de aceite o mantequilla, lo justo para cubrir el fondo y doramos un poco las cebollas a fuego vivo. Añadimos dos o tres cucharadas de azúcar moreno, un poco de sal y cubrimos con vino tinto o vino de Oporto, también se puede añadir un poco de caldo de carne o una cucharada de salsa del propio guiso. Dejamos a fuego lento moviendo cuidadosamente de vez en cuando hasta que se evapore todo el líquido y quede un caramelo. Para asegurar que quede blando el interior de la cebolla podemos tapar la cazuela dejar cocer unos diez minutos y luego destapar. Paciencia… el resultado óptimo puede tardar más de una hora.

Los champiñones deben cocinarse justo antes de servir. Limpiamos con pincel o pelamos los champiñones (lo que sea, menos lavarlos) y les quitamos los troncos. Salteamos en un poco de mantequilla hasta que estén dorados. Nosotros preferimos dejarlos bastante al dente, solo dorados. Salpimentamos.

Solo queda disfrutar y elegir un buen vino. En esta ocasión hemos degustado un Domeine Magellan de 2012 de Syrah, Grenache y Carignan de la Denominación de Origen del Laguedoc. Entre los extremeños, por ejemplo, un Xentia de Pago de las Encomiendas seguro que es un perfecto acompañante.